La guerra por el aceite usado de tu cocina: productores de biodiésel vs. mercado ilegal

Agencias
23/09/202013:54:06

CDMX ya cuenta con una planta capaz de convertir este residuo en combustible, pero enfrenta una práctica que opera fuera de la ley; COVID-19, otro obstáculo

Dicen que entre más grasoso más sabroso, quizá sea esta la razón por la que el aceite vegetal sea tan imprescindible en las cocinas mexicanas y en los populares puestos de tacos y garnachas, pero, ¿a dónde va después de que cumplió su función de deleitar tu paladar? A partir de este año, ese cuantioso residuo que generalmente termina en el drenaje, tendrá un final más interesante y útil en la Ciudad de México: la producción de biodiésel.

Y es que impedir que se tire después del primer uso tiene un doble beneficio: además de generar combustible para vehículos, se evita que éste llegue a las coladeras, ya que un litro de aceite usado tiene el potencial de contaminar hasta 40 mil litros de agua potable.

Pudiera pensarse que sólo tiene un beneficio ambiental; pero hay un problema grave del que poco se habla: el mercado negro. En la capital del país, muchos lo compran por bidones para revenderlo a fábricas de jabones, de croquetas para perros o incluso para limpiarlo y darle una apariencia de aceite puro, con el fin de comercializarlo a quienes se dedican a la venta de alimentos fritos y cuyo consumo es sumamente perjudicial para la salud. ¡La gente lo consume sin saberlo!

Los esfuerzos para fomentar la producción de combustible a partir del aceite de cocina en la CDMX comenzaron en 2018, con modificaciones a la Ley de Residuos Sólidos, lo que permitió que este año se hiciera realidad la primera planta que lo convertirá en biodiésel.

PRIMER INTENTO, DESACELERADO POR COVID-19

Pero no todo ha sido miel sobre hojuelas, la pandemia ha complicado su reaprovechamiento, lo que significa un reto en la recolección de cantidad suficiente para lograr el objetivo.

Tirar el aceite al drenaje era una práctica común en el Centro Histórico, por la cantidad de restaurantes ubicados en el primer cuadro de la CDMX. En 2018, se emitió la norma ambiental NADF-AMBT-2015 para prohibir esta práctica, pues genera taponamientos y daños a las tuberías, lo cual ocasiona encharcamientos, proliferación de fauna nociva y microorganismos que dañan la salud y generan malos olores.

A partir de dicha norma, en el último año, la Autoridad del Centro Histórico puso en marcha el programa para un adecuado manejo de residuos grasos de origen vegetal y/o animal, con el que se establecieron puntos de recolección en los mercados de la zona.

El 5 de noviembre de 2019 inició el programa piloto de recolección de residuos grasos de origen vegetal y/o animal en el mercado 2 de Abril, de la colonia Guerrero, y 20 días después en el mercado Abelardo L. Rodríguez, en el Centro Histórico.

La estrategia continuó en los céntricos mercados de San Lucas y Merced Comidas. Con todas estas acciones, se reunieron 108.4 litros de residuos grasos que no dañaron el drenaje ni el ambiente. La recolección pudo ser mayor, pero el proceso se desaceleró durante los tres meses que la ciudad permaneció en semáforo rojo por la emergencia sanitaria del coronavirus.

De acuerdo con cifras de la Autoridad del Centro Histórico, del 11 de noviembre de 2019 al 29 de abril de 2020, se recolectaron 98 litros; y en julio de este año, otros 10.8 litros. La planta ya está en condiciones de operar a máxima capacidad; sin embargo, la pandemia golpeó todas las metas programadas.

Si bien, en una fase de prueba se logró la producción de 7 mil litros de biodiésel y los equipos están listos para una capacidad instalada de 3 mil litros al día, actualmente el reto es juntar cantidades suficientes de aceite vegetal usado de restaurantes o cocinas de mercados, que disminuyeron sus actividades comerciales por la contingencia.

Datos relevantes La Razón

¿POR QUÉ EN LA CENTRAL DE ABASTO?

En 2014, la hoy Jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, en calidad de académica, asesoró la tesis Sistema de recolección de aceite usado para conversión de biodiésel, para un estudiante que se tituló como ingeniero industrial.

En un capítulo que narra la experiencia de varias ciudades en la transformación de aceite de cocina en combustible, el autor, Omar Gabriel Díaz Cartas, señala que en la Ciudad de México esta actividad era exclusiva de la iniciativa privada. Esta situación permaneció así durante los cinco años posteriores a la publicación de la tesis.

Carátula del proyecto de tesis asesorado por Claudia Sheinbaum Especial

Con ese antecedente, no sorprende que sea Sheinbaum quien comande una nueva planta a cargo de la administración local, ubicada en la Central de Abasto de Iztapalapa (Ceda).

Violeta Mena, profesora e investigadora del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y responsable técnico del proyecto que arrancó el pasado 30 de junio en la Ceda, señaló que esta planta surge por iniciativa del Fideicomiso para la Construcción y Operación de la Central de Abasto, en la línea de promocionar las energías renovables.

“Aquí hay todo un macro programa de inversión muy importante en la parte de energía solar fotovoltaica, bioenergía mediante un biodigestor y, enlazado a esto, se ubicó que era factible tener una planta para producir biodiésel, pero a partir de aceite vegetal usado, un insumo con mucho potencial de viabilidad en la ciudad, porque la propia Central de Abasto tiene varios locales de preparación de alimentos donde se puede estar generando”, comentó a La Razón.

ALIADOS DE UN AMBICIOSO PLAN

El IPN es uno de los principales socios de este proyecto, dado que ya tenía el desarrollo de una tecnología de producción sustentable a partir de aceites vegetales.

A nivel internacional, apunta la profesora Mena, la bioenergía ya es una realidad desde hace bastantes años. La CDMX, en comparación con ciudades del extranjero, tiene una alta participación de las instituciones académicas en la coordinación de la planta, lo cual hace al proyecto único en el mundo.

Además de los mercados públicos y las alcaldías, el fideicomiso también trabaja en un acuerdo con la industria restaurantera, con el mismo fin de acumular la mayor cantidad de aceite.

A un plazo menos inmediato también se incluirá a otras industrias; sin embargo, el avance ha sido lento por la emergencia sanitaria y ya existe presión para los encargados de la planta.

La planta pudiera estar funcionando a máxima capacidad, la crisis económica ha frenado el funcionamiento al 100 por ciento de los lugares que usan el aceite

Violeta Mena/Responsable técnico del proyecto

“Eso nos ha pegado para que, digamos, la planta pudiera estar funcionando a máxima capacidad, la crisis económica ha frenado el funcionamiento al 100 por ciento de los lugares que usan el aceite. Todos los que estamos involucrados tenemos la presión y la instrucción de que ya se eche a andar, porque es un programa importante para la Jefatura de Gobierno“, sostuvo.

SE VENDE POR BIDONES EN EL MERCADO NEGRO

“Compro aceite de cocina usado”, así se promocionan personas en grupos de Facebook para recolectar bidones que pagan a 100 pesos, cinco pesos por litro compran en la CDMX y en el Estado de México. Algunos se identifican como empresas ecológicas; pero la gran mayoría no pertenece a ninguna ni se certifica con los conocimientos para su procesamiento.

Violeta Mena mencionó que hay un mercado negro del aceite vegetal usado. El ingrediente se revende en el mercado informal de comida, aquellos puestos ambulantes que usan aceite en grandes cantidades para ofrecer alimentos fritos.

Comercialización ilegal en FacebookCaptura de pantalla

Este tipo de mercado es un terreno poco explorado con varios temas que resolver. La encargada de la planta de biodiésel comentó que no hay datos exactos de cuántos litros de aceite circulan de manera ilegal, sólo es un tema que se sabe entre restauranteros y de boca en boca.

En ese sentido, consideró que la planta de biodiésel podría ayudar a controlar el mal manejo del aceite, pues, cuando se recolecta, es posible detectar cuántas veces ha sido quemado. “Eso para nosotros sería una alerta”.

UN OBSTÁCULO DE LARGA DATA

Alejandra Castro, química farmacéutica bióloga y académica de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, tiene una investigación sobre el tema; con base en sus estudios, consideró que el gran problema de la recolección no está íntimamente relacionado con desecharlo al drenaje, sino con las malas prácticas en su comercialización, presente en la CDMX desde hace 30 años.

“Hay un mercado negro en los aceites vegetales de desecho, ese mercado negro que está en los restaurantes donde comemos… Es aceite usado que se reutiliza en las cocinas como aceite nuevo

Alejandra Castro/Académica

“Hay un mercado negro en los aceites vegetales de desecho, ese mercado negro que está en los restaurantes donde comemos. Detrás de las cortinas, el aceite es recolectado a veces clandestinamente y lo venden a esas personas a tres pesos el litro, incluso va subiendo o bajando según como va la demanda y eso se hace desde hace 30 años, es aceite usado que se reutiliza en las cocinas como aceite nuevo”, dijo.

Alejandra hizo esta hallazgo a través de un estudio que aplicó en 23 restaurantes cercanos a Ciudad Universitaria, donde, se sabía, regalaban el aceite; quienes se lo llevaban aseguraban que la grasa se utilizaría para un estudio de la UNAM, lo cual era falso.

El uso de este aceite para fabricar jabones o croquetas es legal; transformarlo para que parezca limpio y revenderlo es la parte peligrosa y la que implica riesgos sociales.

El aceite vegetal usado no es cierto que se tira a los drenajes, sino que es un dinero, es una ganancia, como lo que pasa con el PET que se recolecta para negocio

Alejandra Castro/Académica

El punto de quiebre para las iniciativas como la planta de biodiésel y la recolección de aceite en el Centro Histórico, consideró, es la cadena antaña de los recolectores ilegales, pues serán un obstáculo para que la planta de la Central de Abasto tenga la materia prima adecuada, el mercado ilegal provocará que haya desabasto de la grasa y, por lo tanto, no se llegue a las metas programadas.

Por tal razón, debe haber una segunda etapa de la norma ambiental NADF-AMBT-2015 para que, además de vigilar el buen manejo del aceite, se hagan operativos y revisiones a los lugares que producen grandes cantidades del desecho, con el fin de evitar, sobre todo, que llegue nuevamente a los alimentos fritos que todos disfrutamos.