03/09/201800:00:44

Administrar emociones

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

03/09/201800:00:44

No sólo con dinero se genera la atención tradicional y el inicio de la obra pública. Atender es mantener, antes que obra nueva. Además, esto pende de cómo se administren emociones que parecen instantáneas y luego luego se vuelven habituales.
Los dineros se agotan y, por lo vivido, nunca han alcanzado. No alcanzaban antes, menos ahora. Las emociones se retroalimentan en la medida que podamos encauzarlas. Caso contrario, se estrangulan. Buscarles canal es la mejor suerte de conducirlas. Y cuando escribo PODAMOS es porque incluyo en la corresponsabilidad del ejercicio del poder la mano ciudadana.
Este abandono en que hemos caído, todos, no aparece de hace seis años, sin disculpar a nadie. Tiene varias décadas y no cabe disculpa en el tiempo y de ninguna parte. El perdón en política se ha choteado tanto que prestarle oídos da lugar a no concederle ninguna aprobación.
No hay qué perder por ello mismo las invisibles raíces de tanto desencanto acumulado. Serán filamentos, pero ahí se encuentran. Serán invisibles en apariencia engañosa pero sentidas que ni qué. Y los sentimientos tienen memoria.
Si, el desencanto lo encabezó la autoridad correspondiente, pero fue secundado por intereses que prefirieron escudarse entre paredes de silencio e indiferencia.
El silencio fue la mejor manera de no contrariar a nadie. La indiferencia, excusa que poco a poco hizo encubridora a la misma comunidad.
Cuando se echa la culpa a todos, los verdaderos culpables justifican su cinismo escudados en el sentido del humor de que cuando todos son culpables nadie resulta serlo finalmente.
La parte emocional es inevitable en las acciones humanas. Es componente de su naturaleza. Es el brioso corcel que a veces puede echarlo a perder todo. Y siendo inevitable debe, sin embargo, arrendarse con buena dosis de razones traducidas en pensar dos veces antes de actuar. Tan sencillo pero tan complicado. Pensar es un reto que cuando se está en las ancas del poder escabulle las manos y la cabeza. Lo que pasa es que pensar no es poca cosa, enfrena, obliga, y eso no es con frecuencia para tomarlo tan en serio. Que ahí por encimita pasan los días.
Pensar humanamente bien no es asumir un papel estacionario sino ubicarse en mayores posibilidades de certeza en los primeros pasos, continuar y alcanzar metas en acomodo de opiniones y juicios.
Quien crea que ha de acertar al cien por cierto, podrá caer en lo mismo que en gran medida sentimos agotado: la complacencia personal en contra del orden de que adolece el progreso.
Progreso sin orden no lo es por elemental logica pero quien lo encabeza debe garantizarlo de palabra y de obra.
Hablar sigue siendo en la vida pública el ejercicio distractor, más ahora con las redes sociales de que ya estamos atolondrados.
Cada palabra debe medirse en su justa dimensión, caso contrario oiremos villas y castillas y al pronto final nada de nada.
Sin figuraciones, la realidad nos evalúa y dicta según que la consideremos en su justa longitud y altitud.
Eso de que vamos a hacer lo que no estamos haciendo nunca ha producido resultados satisfactorios. Lo que hagas puede contar. Lo que pienses hacer estará por contarse y verse.
Ni antes, ni después, lo que sea en su justo tiempo. El Eclesiastés sigue teniendo vigencia.
Ya el tiempo de hablar y hablar pasó. Es tiempo de administrar las emociones para aproximarse al terreno de proyectos viables.
El lomo del caballo municipal trota entre reglas y curvas, blandengue y brioso. Desconfiado hasta de su sombra. Montarlo ha sido una rutina que por nada del mundo debe continuar en esa postura. Entre tumbar al jinete y amolar al municipio se dio más esto último. El jinete salió como si nada. El caballo con troneras.
Aplaudir al mal jinete fue alcahuetería de la mala costumbre. Llevando tan malos jinetes, el caballo cargó el aparejo. El aparejo hizo todo cuanto pudo por tapar las verrugas.
No por eso el daño trienal nunca fue de poca monta, más aún sumado.
Las espuelas forman parte de la vestimenta del jinete, no de los ijares del caballo. Las espuelas lastiman, no siempre hacen cosquillas.
La vida municipal se halla seriamente vulnerada. Parece increíble que quienes le han hecho daño ahora resulten castos, honestos y olvidadizos u ofendidos por si el recuerdo les sale al paso con sus tres verdades.
Administrar emociones en una necesidad constante que puede ir poco a poco trasegando los diversos caminos del progreso. El dinero, el dinero, será y ha sido otra cosa.