30/07/201800:00:48

Arboles torcidos (última parte)

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

30/07/201800:00:48

Podemos enderezar nuestro tallo, siempre y cuando advirtamos qué pasó a partir del tramo incomprendido entre 1977 y 2018, en cada uno de los municipios de Tabasco y qué pasará el sexenio que se avecina.
¿Y por qué digo incomprendido? ¿Por qué aludo a los municipios?
Mejor nos hubiera ido de haberlo comprendido pero ese espacio de tiempo lo INCOMPRENDIMOS en grande, la neta: unos estando sin estar posesionados a la cabeza y otros a los pies. Fueron catorce Alcaldes y de ellos cuelgan sendas fotografías en palacio municipal, los más sin ninguna pena. Y me consta porque ahí pasé en dos ocasiones, circunstancialmente, sin “carrera política”. Ahí está mi foto, y eso no me honra. Dime de qué pared cuelgas…y te diré quién eres. La historia nos hace pasar lista.
Aunado a ello, hubo para el largo tramo una sociedad apática en lo general y si acaso voces aisladas que simplemente lastimaron oídos imperturbables, también, en ambos casos, sin menores consecuencias.
Vimos por casi cinco décadas para arriba: Luzbel nos guiñaba con las escrituras del petróleo, que dijera Ramón López Velarde. Hicimos la finta golpeando al cuerpo del progreso, con aparente lentitud, otros momentos ganchos al hígado, pero haciendo de la regla una excepción paradójica:
sólo de vez en cuando tuvimos Alcalde que administrara de veras.
La gente olvida, es verdad, a tal punto que, por ejemplo, el alcalde de Cunduacán, propuesto accidentalmente por el PRI en el trienio de 1977 á 1979 (al haber renunciado a la candidatura don Gustavo Hernández Loroño), repitió por el PRD de 2010 á 2012, como si nada hubiera pasado antes igual nada que pasó ahora, excepción hecha de los pesos y el peso de sus años propios.
Y si aludo a municipios, insinuando caso concreto, es porque ellos –los municipios- identifican en ese parte con mayores sombras que luces las fallas cometidas y que mea culpa callamos, sin ignorarlas, cada trienio.
Una crónica vivencial nos tiene que llevar a la verdad, y la verdad recorrida por el largo camino se esgrimió llena de inconsistencias, desorden dominante en contra del orden debilucho.
Vivimos a querer unos y otros menos la vida municipal, el mejor espacio para darnos cuenta de qué lado estuvo el pulso del progreso. Casi siempre, del lado ganador que del pueblo.
Y otro recordatorio entre mil veces dicho: cuando todos somos culpables nadie lo es. Así de simple pero el balance no nos favorece y de ahí el papel desempeñado como ciudadanos dejando mucho qué desear, ni se diga el ofensivo papel de la mayoría de alcaldes, aunque esto toque en mayor grado a quienes menos cumplieron que fueron los más. Con justa razón, el pecado nos cae a todos, si bien ponen más resistencia y se ofende la mayoría incumplidora. Porque si bien es cierto que entre 1977 y 2018 no ocurrió para nuestros municipios lo que pudo ser y hacerse con los miles de millones de pesos que circularon sumados catorce trienios, la lección debemos tomarla muy en cuenta a manera de sanción social, para que no vuelva a repetirse frente a excepcionales circunstancias de ahora mismo al próximo sexenio.
Seis años. Seis años. Frente a más de cuarenta años precedentes. Y hay qué decirlo: antes, la ingenuidad nos ganó. Los votos contaron en cantidad imaginaria, hoy son una realidad completa, más numerosa y de mayor contenido. A la real ingenuidad de 1977, hay que repetirlo sin empacho, ya no debemos darle cabida bajo ningún pretexto.
Que a Tabasco le vaya de lo mejor, por así decirlo, no debemos hacerlo depender sólo de que sea un tabasqueño talludo quien llega a la titularidad del Poder Ejecutivo Federal. Como dicen de que se dijo de don Adolfo Ruiz Cortines, quien tanto hizo por Tabasco en el período de 1953-58: no lo queremos para semental…del progreso… para que haga milagros en un santiamén.
El trayecto anterior no finaliza en 2018. Tiene secuelas arraigadas que no se borrarán del todo en los seis años venideros. Y, no obstante ello, con toda esa carga innegable, hemos de ser conscientes de que si la producción petrolera vistió el hábito de tender la mano dizque para evitar problemas mayores, pues que alertas tengamos muy en cuenta que con seguir mendigando no vamos a salir del paso.
No hay que bajar la guardia, remachando que como ciudadanos tenemos que exigir por el interés ´público pero a la vez qué dar en la proporción de nuestras demandas.
Nadie espere que esto cambie si no hacemos la proporción que nos compete , uno por uno, exigiendo y exigiéndonos, para que las emociones y sueños aquellos de 1977 no sean para nada los mismos sueños de ahora, desde la hamaca en que nos mecimos y en la que hoy no debemos descansar ni para jugar al riqui-rán.
Orden y amanecemos. Del orden vendrá la luz, la alborada, no el crepúsculo.
Ni pensar que Luzbel, el petróleo otra vez, nos vuelva a tomar el pelo y vendar los ojos. Petróleo tiene qué ver con piedra. Ya no más tropezones.