17/06/201902:51:16

Buscar trabajo

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

17/06/201902:51:16

Cuánto alienta que el hombre busque trabajo. Cuánto que se le ofrezca la general posibilidad de pegar, entre otros tantos. Ahora, ¿de qué manera opera la logística para entenderla y compartirla? ¿Importa la logística? Importa y mucho, de una parte y de otra. En el dar y el recibir. El que busca encuentra. Pero quiénes ofrecen el trabajo han de estar conscientes de la dimensión del ofrecimiento y sus expectativas, a corto, mediano y largo plaza, igual que quienes lo solicitan.
Ah, qué conduerma la de esperar.
Puede suceder que el trabajo se dé y no te le des, meramente. Los dos elementos tienen que ser contemplados.
Quien busca sin ganas de entrarle al compromiso no coopera y a duras penas cumple. Quien contrata y no trata humanamente al trabajador, esperando poco a poco ver su rendimiento, truena y choca desde el primer día.
Un joven me dijo: -Salgo el lunes a las cuatro de la madrugada para llegar primero.
-¿Cómo? –le contesté- No es necesario, si va a darse un mes o más para ello.
-Pero es que dicen que hay algunos contactos.
-No te dejes embaucar. No habrá intermediarios. Cada uno tendrá qué hacerlo personalmente. Va en serio y no es de un día, asegura la 4T.
Esperé que el joven me contara su experiencia.
Para empezar no llegó a la fuente, es decir al lugar de ofertas laborales. Luego me dice que alguien le dijo: es que luego ni revisan nada…
-Pretextos –le contesté- La falla es tuya por no levantarte a tiempo. El sueño ganó. Tú perdiste de calle.
El joven como ido, en todo momento a dos manos y dos ojos en el celular, hizo como que contestara en un silencio muy hondo.
Tengo que insistirle, de buenos maneras, en mi desacuerdo.
-¿Es que quieres trabajar?
-Sí, apenas me contestó…enviando mensajes a quién sabe quién.
-No se nota –volví a decirle y enseguida le solté el rollo de siempre: si esperas que el trabajo te dé la más cordial bienvenida, eso no vas a entenderlo nunca, aunque tengas el plato rebosante y servido. No vas a entenderlo.
El joven me contestó de nuevo con largo silencio.
Creí estar intercambiando palabras con él y no.
Yo fui quien estuvo habla y habla.
Intenté sacarlo de su retraimiento en corto:
-¿Pero no te das cuenta de que puede ser una gran paso para tu vida?
Silencio.
-Si no haces por lo menos el intento, entonces cómo…
-Es que me dormí –alcanzó a repetir, indiferente-.
-¿Y tu esposa, y tus dos pequeños?
-Todos durmiendo.
-Lo entiendo en ellos, hasta cierto punto, pero en ti…
Silencio.
Al rato, como pasa, los dos estábamos callados sin saber por qué.
¿Cuántos aspirantes estarán en las mismas?
La pregunta ya no la hice al joven.
Fue a mí mismo. Y yo fui cayó…y calló.
Y espero que la respuesta no sólo venga del tiempo, sino la de actitudes de miles y miles de personas que pueden en buen porcentaje acomodarse y aun en aquéllos que lógicamente no quepan inicialmente.
Lo que cuenta será que, con calor de cuarenta grados o agua de un momento a otro hasta las rodillas, los tabasqueños sacudamos de una vez y para siempre la pachorra que malamente se nos endilga…