11/01/201900:00:58

Corrupción, México huachicolero

Salvador Fernández Tiempo de política

Tiempo de política

11/01/201900:00:58

El problema número 1 de nuestro país no es la inseguridad, la impunidad o el desempleo. Esos son derivados del mayor cáncer nacional: la corrupción.
La antigua “ordeña” rebautizada “huachicol” en el estado de Puebla, señalan expertos en el tema, por el exponencial crecimiento auspiciado por su entonces gobernador Rafael Moreno Valle (QEPD) retrata dramáticamente que al final de la segunda década México tiene involucradas a sus instituciones de gobierno y seguridad, a sus sectores productivos y a la sociedad de a pie, en una cadena de corrupción engarzada por décadas.
De acuerdo con lo que ayer dijo en su conferencia mañanera el presidente Andrés Manuel López Obrador, viene una segunda etapa del combate frontal contra el multimillonario robo de gasolinas a través de medio país. “Sin marcha atrás” en congruencia con aquel compromiso “de que se acaba la corrupción, se acaba” y su frase de que “me canso ganso”.
Entre 60 y 80 mil millones de pesos al año ganaban los huachicoleros de cuello blanco –funcionarios, sindicalistas, policías federales de caminos, alcaldes, policías municipales, empresarios gasolineros- y los de cuello negro –los delincuentes que ordeñan los ductos con el apoyo, protección y complicidad de las comunidades aledañas a la red donde corren los combustibles-, calificado como un crimen social.
Durante décadas se tejió este robo a la nación que a principios del milenio se calculaban sus ganancias en 10 mil millones de pesos anuales, luego las autoridades de Pemex y Hacienda mintieron en 20 mil millones, que ahora se sabe eran falsas sus cifras porque estaban involucrados sus funcionarios.
Se dijo recientemente por el presidente de la república que sumaba 60 mil millones, pero ya surgió la nueva cifra de 80 mil millones que equivale al doble del presupuesto de Tabasco.
Durante décadas se ordeñó criminalmente los recursos de la nación y todos callaron, especialmente los gobiernos priistas que diseñaron el robo, luego 12 años de administraciones panistas y nuevamente el sexenio del tricolor Enrique Peña Nieto.
Sin embargo, sus dirigentes nacionales, los líderes parlamentarios y sus cuadros “distinguidos” son ahora los principales detractores de esta lucha para terminar este saqueó al país que ellos crearon, fomentaron y lo llevaron a un nivel delincuencial sin precedente.
No tienen vergüenza ni dignidad para cuestionar lo que callaron cuando sus partidos gobernaron y se beneficiaron de este robo. Fueron los huchicoleros mayores.
Como tampoco tienen autoridad moral las organizaciones de gasolineros de quejarse porque no fueron tomados en cuenta para la presente estrategia, pues ellos eran el último eslabón de la cadena de ordeña de los combustibles, por lo menos en un 50 por ciento de su venta cotidiana. Son los huachicoleros financieros.
Igualmente los medios de comunicación, sus “críticas plumas”, sus micrófonos de oro que se desgarran cuestionando la estrategia que produce el desabasto, las grandes filas “venezolanas”. Están convertidos en unos verdaderos adalides de la defensa de los consumidores. Hipócritas, son los huachicoleros de papel, de la imagen y del sonido de los medios impresos y electrónicos. 80 mil millones de pesos da para esa defensa y más.

TIEMPO FUERA.-
Algo anda mal en este país para que una buena parte de la sociedad confundida por las redes sociales y los medios de comunicación tradicionales, le sea más importante realizar unas colas temporales, que el criminal robo a la nación. Los valores al revés.