13/01/202100:09:33

¿Crítica? ¿Resentimiento? ¿Qué?

Guillermo Hübner Díaz Guayabera Política

Guayabera Política

13/01/202100:09:33

La crítica –Diccionario: Análisis y discernimiento sobre cosas o personas que generan una conclusión útil, válida, equivalente a la verdad-, brilla por su ausencia en contenidos de afectados autores que pretenden examinar las acciones oficiales, sólo para decretar, una y otra y otra vez, en rutinaria y dañina irresponsabilidad social, que todo está mal y que, como nunca, México tiene un mal gobierno.
El filósofo, teólogo, sociólogo y tratadista español del siglo XIX, Jaime Balmes, acuñó una definición extraordinaria que podría ser aprendida y tenida como texto de cabecera por muchos “críticos” dedicados -según sus auto hiper valoraciones-, a la crítica periodística de cuanto acontece en el ámbito político, cuando lo de ellos, bien a bien, no resulte sino simples manifestaciones de insidia y diatriba con las que confunden a sus lectores y siembran dudas y odios en la población.
Balmes, dice: “El pensar bien consiste, o en conocer la verdad o en dirigir el entendimiento por el camino que conduce a ella. La verdad es la realidad de las cosas. Cuando las conocemos como son en sí, alcanzamos la verdad, de otra manera, caemos en un error”.
Y en un error, entonces, están las personas que no critican, que no consideran pros y contras, sino ofenden, condenan, denigran a los gobernantes con sus opiniones sesgadas. Si criticaran las acciones de gobierno, las que fueran, tendrían que analizar, discernir lo bueno de lo malo para emitir un juicio, sacar una conclusión, dictar una especie de sentencia para orientar debidamente a sus lectores y dotarlos de elementos útiles para normar de la mejor manera posible su criterio y así expresar opiniones responsables.
Manifestar juicios de valor, principalmente en las “benditas –también hay malditas- redes sociales”, en donde no existen directores ni correctores, es tarea fácil para quienes tienen por norma darle rienda suelta a sus sentimientos, pero también es condenable porque no aporta nada beneficioso a la sociedad para que norme de la mejor manera posible su criterio y enriquezca, un tanto, su bagaje cultural y espiritual.
Pero no se habla mal del gobierno exclusivamente. Se particulariza con singular explosión de insania, en la figura del Presidente –también en la de algún gobernador. o presidente municipal, senador o diputado, etcétera, nadie se salva-, no se diga del partido político al que pertenezcan, dicen que están en su derecho, que en México hay libertad de expresión, andan bien montados en su macho y nada les hace soltar las riendas.
Más que la crítica –o menos que ella-, aplican la insidia y la diatriba, la primera como acechanza y traición, la segunda como censura a priori y con estridencia.
No me constituyo, aclaro, en defensor de gobierno alguno, federal o local, ni de los gobernantes, Presiente o Gobernador o alcaldes o diputados, etc., sólo señalo que gracias a esa irresponsabilidad y sobrada superficialidad cultural y política, muchos de los “críticos” contrarios al gobierno o contrarios a su personaje central, abundan en las redes auténticas cañerías por donde corren parejo las amarguras y las denostaciones.
La sociedad merece un mejor trato –eso creo y he sostenido siempre-, y el gobierno y los gobernantes, por malos que fuesen, lo mismo, pues inventando situaciones y soltándose insultos al por mayor, no se contribuye a la superación de las carencias ni a la solución de los problemas que nos aquejan, sino a agravar la descomposición social en la que por desgracia estamos todos inmersos.
Abundan casos en los que la “crítica” fuera de ser insulto, constituye una amenaza, una advertencia -en el mejor de los casos-, dirigida a quien podría hacer cambiar la conducta de los autores mediante buena paga, ignorando estos o haciendo como que ignoran, que actualmente este camino, como vía para acceder a publicidad gubernamental pagada, es el más vetado de todos.
Del otro lado de esta mundana realidad, sobresale la tolerancia y la indeclinable decisión del gobierno de respetar la libertad de expresión, garantía constitucional, a ningún “crítico”, por soez que resulte su “crítica”, se le persigue o daña en su patrimonio; la sociedad, hoy como nunca, tiene la oportunidad de conocer a sus “críticos”, a sus “periodistas”, a sus “orientadores y curadores sociales”.
Con el gobierno, creo, debía de buscarse acuerdos responsables e inteligentes, transparentes, establecerse compromisos, no componendas; lo mismo que alianzas, no complicidades. Llegaron los tiempos de cambiar paradigmas y voltear la mirada hacia la sociedad, la víctima de tanta aberración y absurdos.
¿Insultar para qué? Si un gobierno es malo o un gobernante causa daño, pues denunciarlos, presentarlos ante la sociedad como lo que son, pero ¿por o para qué insultar? ¿Quién gana o pierde con ello? “Se los dejo de tarea”, diría aquél.