22/03/201900:00:38

Nuestros cuerpos, nuestros derechos, nuestras decisiones

Alejandra Barrales

22/03/201900:00:38

Desde hace varios años en México existen programas que ofrecen de manera gratuita anticonceptivos tradicionales y orientación en materia de salud sexual y reproductiva. Sin embargo, con sustento en las evidencias, los resultados están muy lejos de lo deseado.
A nivel mundial, México ocupa el primer lugar en embarazo adolescente. Durante los últimos 10 años, esta tendencia se ha mantenido al alza entre las niñas y adolescentes de entre 15 y 19 años de edad.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) cada año 16 millones de adolescentes entre 15 y 19 años resultaron embarazadas y el 50% de ellas no lo planearon. Pero la cifra más grave y que más preocupa son el millón de niñas, menores de 15 años, que quedaron embarazadas, interrumpiendo así sus posibilidades de desarrollarse y tener un mejor futuro.
Estamos hablando de millones de niñas y adolescentes que se ven obligadas a convertirse en madres, porque no tuvieron otra alternativa. Por eso, la interrupción legal del embarazo es un tema obligado en la agenda pública del país, que hoy está inacabado.
Es un asunto de salud pública: Antonella Lavelanet, representante de la OMS, apuntó recientemente que, al año, mueren 24 mil mujeres por abortos inseguros y ocurren 7 millones de hospitalizaciones por complicaciones.
También es un tema de derechos: tan sólo en 2017, se abrieron más de 500 carpetas de investigación por homicidio contra mujeres que practicaron la interrupción del embarazo. El Estado no debería criminalizar nuestra capacidad de decisión, debiera, en todo caso, protegerla.
En ese tenor, resulta lamentable la decisión del Congreso de Nuevo León para penalizar el aborto y, ante ello, hace falta que el Estado mexicano se pronuncie y no evite el tema, pues el silencio al respecto y la abierta intención de colocar la discusión en un plano secundario, es alarmante.
Si algo ha permitido el debate en torno a este tema, es visibilizar que se trata de una discusión que ya no debe darse en el terreno de lo religioso o lo moral, sino en lo que respecta a la salud pública y a la garantía de los derechos humanos de las mujeres.
Gracias a este debate, México tiene hoy un diagnóstico más preciso sobre el cual podríamos avanzar en el diseño de mejores políticas públicas. Se trata de caminar hacia adelante y no dar un solo paso atrás.
En otros lugares del mundo ya se están tomando medidas que garantizan el derecho a decidir de las mujeres, tomemos como referencia el caso del parlamento irlandés que, a finales del año pasado, adoptó un proyecto de ley, tras un referéndum en el que sus ciudadanos se pronunciaron contra la prohibición constitucional de la interrupción voluntaria del embarazo.
Simon Harris, ministro en salud de Irlanda, declaró en su cuenta de Twitter que dicha decisión ponía fin a “los viajes solitarios y la estigmatización del aborto al apoyar las decisiones de las mujeres”. Esto fue posible, en gran medida, por la participación activa de las ciudadanas informadas.
Las mexicanas también vivimos en tiempos en que la información y el papel de las mujeres juega un rol revolucionario en la construcción de nuestra historia. Dejar de criminalizar a quienes desean interrumpir el embarazo y reducir, por fin, el riesgo al que se enfrentan miles de adolescentes al embarazarse, es posible.
Urge transformar la manera en la que nos comunicamos con las y los adolescentes, y entre nosotras, las mujeres. Urge dejar de hablar como se ha venido haciendo, de los métodos tradicionales para evitar la maternidad en edad temprana y apostar a la promoción de la educación sexual y reproductiva desde los nuevos canales: las redes sociales.
La tendencia actual de los jóvenes es “educarse” vía internet y esta es una oportunidad para que las mujeres informadas, de todas las edades, tejamos redes de apoyo y de información, que nos permitan conocer mecanismos efectivos de anticoncepción y practicar así la sexualidad de manera responsable, placentera y consciente, además de defender nuestros derechos, nuestros cuerpos y nuestras decisiones.

Twitter: @Ale_BarralesM