12/01/201805:00:44

Cuestión de oratoria

José Alberto del Rivero

12/01/201805:00:44

Mis augustos y leales lectores, realmente este enero ha salido más complicado de lo que uno se podría imaginar. Y es que ningún aspirante, y realmente ninguno de los actores políticos que están compitiendo en sus fórmulas de coaliciones partidistas, al menos para mí, no he visto que me aporten algo.
Ahora bien, dicho lo anterior, y como es mi costumbre, de omitir el nombre de mis hermanos académicos y amigos que me honran con su amistad y que están al pendiente de mis modestas opiniones, me escribió uno de ellos lo siguiente en referencia a mis comentarios de mi artículo pasado, “La diáspora política”. Cito textual: “Estoy de acuerdo contigo que resulta indeseable un proceso de acoso a uno de los aspirantes a la presidencia de la república; sin embargo, más allá de esa convicción, quisiera que en próximos artículos nos des a conocer las razones basadas en las propuestas de AMLO acerca de los grandes retos nacionales que te identifican con él. Qué piensa en materia de salud, de educación, de innovación tecnológica, migración, seguridad, etc. Para conformar criterios”
Tiene toda la razón mi augusto amigo, porque la agonía del estado mexicano se ha prolongado tanto que nadie se ha dado cuenta, o si lo han hecho, no lo han externado, pero en nuestro sistema político, se ha convertido en una democracia absolutista. ¿Por qué absolutista la democracia mexicana? Explico, los tres poderes son secuestrados por una sola persona, con el beneplácito de la partidocracia —ahí tienen ustedes el caso de Ferroscoli en Italia, en su momento— He ahí el absolutismo.
Ustedes se preguntarán, ¿cuál es la Litis? La Litis es que ningún actor político —salvo algunas luces que ha dado uno de ellos es, cómo terminar la impunidad que viene aparejada de corrupción— todos los demás, no nos han dicho nada, al menos a mí, salvo prueba en contrario, me digan que sí, sus mensajes políticos de estos actores políticos son pueriles y catárticos.
¿Quién no se acuerda de los discursos políticos de López Portillo en su campaña para presidente de la república? un candidato que emocionó y llenó todas las expectativas inimaginables de lo que se iba a lograr y que no se había podido concretar para México. ¡Qué oratoria de convencimiento pregonaba este actor político! Hasta que la percepción se hizo realidad y todos, sin excepción, salvo algunos, —pero quién sabe cuántos—conservaron esa percepción como la de Tabasco en el lugar 32 que honrosamente ya tenemos “en percepción”. Y ahí lo dejo.
¿Quién no recuerda la oratoria de Carlos Alberto Madrazo? ¡Con qué pasión hablaba en sus mensajes políticos! La argumentación jurídica de Reyes Heroles; y qué decir de la oratoria filigrana de Porfirio Muñoz Ledo; a las cantinfladas de un Enrique Ochoa. Ya no les digo más, por respeto a ustedes mis selectos y leales lectores.
¿Qué necesitamos para que yo pueda darles respuesta a mis selectos lectores? Que nos digan el cómo y el con qué, ya que hay mucho qué corregir y yo no sé ustedes, pero espero no perder el optimismo que hoy en día todos requerimos por el bien de nosotros.