24/06/201902:30:11

Desguindes cupulares

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

24/06/201902:30:11

Junto con quedarles como anillo al dedo, es normal que Partidos Políticos, en su papel de personas jurídicas colectivas, busquen el poder y hagan la lucha por sostenerse en él.
Luchar contra quienes están adentro o enfrente, no es tarea tan fría como sugiere el espíritu de las organizaciones políticas, al pie de la letra.
En el tenso juego desempeñan un papel crucial sus dirigentes, quienes, como el mismo Partido, no deben estar caracterizados por una exclusiva persona física.
Son varias cabezas no en todo momento en camino ni al punto de la unanimidad.
Tendencias habrá que aplican todos sus sentidos por un rumbo, a como dé lugar. Allá otros, por conductas opuestas, dentro de la misma casa. Mera oposición más notable por dentro que por fuera. Dura de roer. Pero se da.
Con la excusa de lo humano y eso de que cada cabeza piensa a su talante, muy pocas ocasiones se logran acuerdos mayoritarios en que una minoría acepte lo que fuera en contra, por supuesto, de sus convicciones.
Es en momento de elección de sus misma dirigencia y de candidatos cuando chocan posicionamientos, ahora sí que francamente. En la parte intermedia, el mayor tiempo, cada Partido hace las veces de casa abandonada.
De suerte que, por ejemplo, cuando es el caso de poner en práctica métodos en busca de un lugar de primera, en seguida empiezan a soplar aires en que los trapos nadie sabe si están tendidos o al garete.
Ello quizá se deba, entre otras causas, a que el poder empieza, casi naturalmente, a sentir que está por lo mismo depositado sobre cierta ventaja y privilegios a favor de quienes lo encabezan.
Aparece en el ambiente la realidad, animada por la imaginación, prendiendo focos que nadie quiere desconectar.
A tal grado, que nada sorpresivo es que, entre quienes aspiran a dirigir la organización, empiecen por sentir en carne propia que una cosa es caminar sin el poder y otra bajo su cobijo directo o indirecto, hasta con licencia. Presintiéndose entonces a corto plazo un trato desnivelado, que no puede parar consecuencias ningún discurso político.
Por resultado, adheridos a motivos de rutina, salen a relucir versiones que terminan por oscurecer el proceso en marcha. Algunas aun más graves que la competencia en busca del poder teniendo, de hecho, el poder, caso Alejandro Moreno. Tanto así como descalificar el padrón interno del Partido. Y todavía que tal o cual aspirante ya estaría haciendo migas con quienes ejercen el poder en partidos distintos.
La olla hierve hasta desbordarse en acusaciones y retiradas. Díganlo si no posturas y renuncias de José Ramón Narro y la ex plurinominal y periodista Beatriz Pagés…y la abstención declarada del sempiterno Manlio Fabio Beltrones o los resuellos de Francisco Labastida.
Lo que vuelca pasiones fuera de control: Que el Partido busque y quiera sostener el poder, natural. Que la membrecía esté abultada en el padrón, inmoral. Que una persona física quiera, sin venia de la cúpula, conquistar ese poder. Que el triunfo esté anunciado. Ahí el conflicto y desguindamiento.