18/05/202000:07:30

Don Enrique Gonzalez Pedrero VI

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

18/05/202000:07:30

Yo me ocupo de Cunduacán y qué, al cabo que mis raíces vienen de más de dos siglos por ambos apellidos.
Cumuapa, lugar de camotes, si bien por los años de 1986-88 era muy entregado a la siembra de hortalizas y frutales como papaya, plátano, sin faltar el cacao. Árboles no habían sido sustituidos todavía por pozos petroleros.
Es lugar de gran querencia en la cabecera municipal. La paradoja: apenas con una distancia de nueve kilómetros, para llegar al pueblo había de recorrerse más de cincuenta kilómetros por la entrada después del puente Samaria.
No obstante ello, los apellidos De los Santos, Vasconcelos, Almeida, Mendoza, De Dios, González, por nombrar algunos, gozan de amistades y compadres con varia gente citadina. Algunos como don Gervasio González, en los años cincuenta, guardaban el dinerito del cacao seco, escogido, en tiendas como las de don Arquímedes Oramas o don Ramón Hernández.
Nunca se sintieron lejos. Supongo, para dar más vuelo al recuerdo, que en parte por la tradición aquélla del origen del municipio.
Repaso al dedillo lo que referían nuestros padres. Cómo nació el lugar cuyo significado es Olla, Pan y Culebra, Cunduacán: pues que, en una Fiesta de Mayo o Septiembre, se armó pelotera entre un Chamula y un Cunduacano, de que, como tenía que ser, triunfa de calle el lugareño. Consigno que los brujos agraviados determinan entonces transformar a su paisano en una serpiente, para destruir a su ofensor. Ah, pero los hechiceros de acá presintieron la jugada y, como de rayo meramente, idearon convertir al Cunduacano en un rayo, ahí cerca por donde hoy se asienta Cumuapa. Cosa fue, se nos decía y, nosotros, niños, con la boca abierta: que al avanzar el Chamula-serpiente horadando la tierra, el rayo de acá mero le estalla de cabeza a la cola, provocando el hundimiento de gran espacio; razón por la que deciden los sobrevivientes de Pueblo Viejo asentarse a la orilla del Rio Banderas, luego Río Cunduacán, entre los pueblos de Cimatán y Cuculteupan, a quienes, al paso de nadie sabe qué tiempo, aquéllos asimilaron como barrios luego cristianos, conservando la zona total el nombre de Cunduacán hasta el día de la pandemia que ahora nos asola.
Bueno, pero tómese lo anterior como un cuento, que a tanto repetirse, de generación en generación va que cada fulano, zutano o perengano lo traiga a su talante o, por último, nadie, nadie de los niños de esta época ni de los jóvenes digan esta boca es mía.
Pasadas líneas de tan amplia digresión, vuelvo al punto que provocan estos comentarios.
Cumuapa, con alrededor de mil habitantes en 1986, ya ejercía marcada influencia sobre comunidades aledañas: rancherías Plátano de Cunduacán y Plátano y Cacao de Centro, Tabasco.
De donde la noticia del Puente de Comuapa cayó, en serio, como anillo al dedo.