29/06/202000:19:54

Don Enrique Gonzalez Pedrero XII

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

29/06/202000:19:54

Platicar sobre la Vía Corta Cunduacán-Villahermosa, de la ciudad al paso de ese nombre, doce kilómetros, implicaba una carga de hechos vividos por padres, abuelos e hijos de los años treinta a mediados del siglo veinte, al darse en una zanja platanera el llamado Rompido de Samaria que dejó incomunicada por tierra a la cabecera municipal y debido a que por ello tenía que tomarse el barco de don Elias Dagdug, una vez por semana, caminando, a caballo o en cayuco por horas hasta llegar al desde entonces y ahora reconocido Paso de Cunduacán, que llevando ese nombre se ubica dentro de la geografía de Centro, Tabasco.
A partir de que don Adolfo Ruiz Cortones, el año de 1952, estuvo en el parque central de Cunduacán, como Candidato a la Presidencia de la República, la petición fue contundente: -Cómo defender al municipio de las inundaciones anuales. Igual que contundente fue la respuesta de don Adolfo, acompañado de Don Eduardo Chávez, quien en 1953 sería su Secretario de Recursos Hidráulicos, en el sentido de construir a la voz de ya los Bordos Izquierdo y Derecho, que encerraran, propiamente, las aguas provenientes de Chiapas. Recordemos que no existían a la sazón ninguna presa de control fluvial ni drenes por el estilo.
Pues no era fácil, por lo mismo, ni siquiera soñar. Sin embargo, la petición provenía de una capa generacional que seguía lejana de la Capital del Estado cuando que Cunduacán queda, dijo Don Manuel Sánchez Mármol en su ejemplar novela Antón Pérez, a ocho leguas de distancia. Atendido por el Biólogo David Solano Beltrán, en las oficinas de Copladet, el alcalde va con su rollo en el corazón más que debajo del brazo; argumentando tantas cosas que la memoria apenas si rescata:
-Está autorizada la Vía Corta –dijo el Biólogo –Ahora- continuo enseguida- cómo entrarle.
-Comprando maquinaria, Biólogo –dijo el Alcalde con una frase de lo más cursi que pueda oírse: -¡Sin camiones no hay caminos…! El Biólogo Solano, imperturbable, atajó:
-Si usted compra camiones, inflará el gasto corriente, al final haciendo menos caminos.
-¡Cómo! –esbozó el Alcalde tragando saliva.
-Tan sencillo como que habrá de contratarse nuevos choferes, ayudantes, mecánicos, mantenimiento…por no decir más.
-¿De qué forma entrarle a la Vía Corta? –preguntó el Alcalde-
-Dando trabajo a las Uniones y, sólo en caso excepcional, alquilar alguna maquinaria pesada.
Llegada a buenos términos la plática aleccionadora, como dije, nos volvimos a Cunduacán para informar a los Regidores la buena nueva, sin nada eso de ir a celebrarla en un restaurante a costo de dineros públicos: que cada quien comió en su casita.
La neta: los Regidores, casi todos, no podían creerlo. La ingenuidad era compartida: condicionó qué me toca. Y vaya que antecedían razones históricas. Era todo un imposible que la Vía Corta fuese ejecutada por administración, como fue y diré.