05/07/202023:43:39

Don Enrique Gonzalez Pedrero XIII

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

05/07/202023:43:39

Qué baladronada esa de: -¡Sin camiones no hay caminos! -No me la acabo hasta el santo día de hoy.
Era de repensar que si por feliz accidente el Alcalde ganó la consulta a las bases del ocho de septiembre de 1985 y cero qué deberle a ninguno de los sectores que conformaron la estructura tradicional, ea, del PRI, y luego hubo de asimilarse halagos inevitables de campaña electoral; ello no optaba para que las preocupaciones dejaran de estar, a Dios gracias, a ojo de chícharo, con el pié derecho y la cabeza en su lugar, tratando de no aventar emociones en saco roto. Casi advertencia de la parábola del vino nuevo en odres viejos.
De suerte que paso dado, pensado, se hizo costumbre tener al Alcalde del diario, a las seis de la mañana, en el llamado Departamento de Maquinaria, a cargo de don José Rodríguez Ramírez, con el auxilio de la misma hechura de don José Díaz Hernández, insobornables. Y no solo para ver el estado de salud de las máquinas sino de ahí solucionar repentinas solicitudes, normales, de algún trabajador. Una máquina sana sin el hombre ídem no se mueve.
En seguida vino a ser de primer orden revisar en detalles con qué maquinaria contábamos. No tan tirados a la calle. Vale traer a la memoria que desde el año de 1952, último año del Edil don José del Carmen Martínez Gordillo, Cunduacán tuvo su primera motoconformadora bajada en barco, y el camión de volteo verde de nombre El Curripipí. Fue hasta las administraciones de Lic. Rafael Torres Márquez, don Juán Armando Gordillo de Dios, Ing. Tomás Yánez Burelo y Lic. José Xicoténcatl Sánchez, que el municipio contó con dos Trascabos, cuatro motofoconformadoras, un Tractor D5, compactadora, petrolizadora, y una planta de emulsión asfáltica lograda por el Ing. Tomás Yánez Burelo. Maquinaria que para empezar el año de 1986 se hallaba In artículo mortis, averiguar por qué.
Hasta febrero de l988 empezamos el desmonte, aprovechando la seca anticipada. A uno de los operadores de Trascabo le llamaban más que apodarle Chochinita, que por su nombre ni él mismo asuntaba a nadie.
–Carmen Montejo –le decían, y él como si nada, tal vez pensando referirse a la actriz cubana homónima, de moda.
Este mismo, la cabeza hundida en su cuello corto, descendió el empinado Bordo con maestría; por delante buen número de macheteros de la ranchería Huapacal, abriendo paso y metidos hasta las cachas en la aventura imaginada.
¡École!, si al poner a rodar la maquinaria reparada parecíamos estar viendo hacer “pinches” o pinitos a nuestros hijos. ¿Exageraciones? así nos pasó…
Caso fue que para marzo de 1988, teníamos limpia y visible la pasada entre el Bordo y la margen izquierda del Río Cumuapa, los primeros tres kilómetros. Un parto doméstico, avalado por don Enrique González Pedrero y mano de obra sobre todo municipal.