11/01/202100:12:59

DON ENRIQUE GONZÁLEZ PEDRERO XL

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

11/01/202100:12:59

Entrados en las fiestas decembrinas, con nutrida participación de avecindados, no podíamos salir luego con que el camión para recolectar basura despertara “agomado” por la cruda…realidad de que gastar el dinero en aquí lo puse y no lo encuentro es otra disonancia de la cosa pública.
Enfiestados, sí, pero sin desvelos; quiero decir, administrando cada día como el primero, no el último que ya ni para qué, pues no tiene continuación.
Nadie mejor para estar al frente de la compra del camión que el señor José Rodríguez Ramírez, Jefe de Maquinaria Municipal, íntegro sin pedir que nadie metiese las manos al fuego por él, habida cuenta que por sí mismo fue garantía de honestidad: esa palabra que parece utópica por volverse de continuo atípica.
Enterado él, primero que nadie, de la encomienda, se convocó a Directores y Regidores para hacerles saber la decisión de veras consultada. Y José, para el caso, se las pintaba solo.
En esa plática no se habló de todo: ni más ni menos que
de la compra del camión para recolectar la basura, con ahorros logrados el año de 1987.
Don José Rodríguez Ramírez, respetado en el ambiente laboral como pocos en tal experiencia, había hecho milagros con algunas motoconformadoras que a base de buscarles piezas en deshuesaderos echó a rodar, y era cosa de compartir junto a él, felices, como si estuviésemos viendo a un niño dando sus primeros pinitos. Cabe dar su sitio especial en estas recordaciones al tocayo José Díaz Hernández, con quilen hacía par consiguiendo refacciones donde fuera, y devolviendo en cada compra “el cambio” con un regocijo inolvidable.
Confirmado pues, el Jefe de Maquinaria, en su encargo, pidió el apoyo del susodicho Lic. Carlos Enrique Taracena Quiroga, Subdirector de Administración, persona de valores, hecho y derecho, sin tela de dudas; pero éste además con un carácter llevadero, de modo que sabía eso de comprar y a todos caerle al punto, sin dar margen a la sospecha de ningún soborno.
Todos, convencidos, de que podíamos cometer errores y hasta graves equivocaciones, pero conscientes de asumirlos a partir del amor al pueblo en que estaba de por medio el lenguaje de los hechos sostenido por el Lic. Enrique González Pedrero.
El camión se buscó sin derrapar en la idea de que había de ser lo mejor y pagado en el precio justo.
No acierto a recordar cuántas agencias visitaron, incluso en el entonces Distrito Federal.
Lo que sí tengo presente es que, dos o tres veces, me ponían al teléfono al vendedor, para confirmar que no se vendiese al municipio de Cunduacán una cosa por otra. A veces era como de reírse un poco, que hace falta, dicen, para la salud en toda circunstancia.
Si, parecía a veces de sentido del humor o de no tener confianza cuando, antes al contrario, los comisionados para la compra ejercían en sí mismos prueba viva de total compañerismo.
Ya en diciembre, para el penúltimo informe, el camión llegó a lo que te truje, Tencha o, lo que es igual, zapatero a tus zapatos.
Nada de exhibirlo frente a palacio días y noches, a la espera de bautismal banderazo del gobernador. Don Enrique no se daba prestado a tales peripecias. Llegó un viernes y el lunes estaba por las calles de la ciudad recolectando basura.
Misión cumplida, dijimos en tono corriente, viendo rodar por buen destino los dineros públicos ahorrados.