21/02/202123:47:20

DON ENRIQUE GONZÁLEZ PEDRERO XLVI

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

21/02/202123:47:20

La conducta de albañiles y peones resultó exitosa. Antes que en el dinero, imaginaban y querían ellos sin lugar a dudas ver en Cunduacán al municipio más comunicado, de inmediato, con la Chontalpa. Porque, hay que repetirlo: la Vía Corta nos instala en el centro de la región, a veinte kilómetros de Comalcalco y Jalpa de Méndez, veintisiete de Cárdenas y treinta de Villahermosa. Paso, por añadidura, de Paraíso, a más de que todo Cárdenas y Huimanguillo ocupan del diario zonas de Cucuyulapa. Ubicación que, con la debida continuidad, nos pone al tránsito de decenas de miles de vehículos y personas diariamente, considerando, por extensión, al Sureste que rueda total por territorio cunduacano.
Dicen que soñar cuesta un comino, nada; pero hay sueños que se realizan al despegar los ojos, con sus altas, bajas y no pocos pestañeos.
Vecinos insistían que el mes de noviembre sería favorable, como en efecto lo fue, en lo tocante a esporádicas avenidas. Lo que la gente observa, por generaciones, se cumple de ordinario al pie de sus dichos. Y la voz de ellos imaginaba creíble que los últimos dos meses del año tuviesen, en efecto, cortas precipitaciones pluviales.
La tarea por tanto de albañiles en cada puente fue ininterrumpida, sin dobleces. Si hasta parece que el reto los retroalimentaba para continuar a la mañana siguiente alzando ánimos descansados y dispuestos.
Como su horario se hizo a propósito prolongado, lógico, ahí, en cada puente en construcción se les llevaba alimentos, sin que nadie se quejara por lo duro de quehaceres y menos en cuanto a qué horas caen los centavos, sin cuotas para líderes o cosas por el estilo que padecen hasta vendedores ambulantes.
El Alcalde los visitaba una o dos veces por día, siempre con el intento de reconocer su esfuerzo. Teniendo a bien que mucho ayuda quien no estorba.
Cierta noche, casi para las diez, recibieron, a su petición, unos buches de aguardiente que justamente saborearon sin excesos, antes bien festejando el raro detalle.
Trino Morales, platicador y sonriente, en su mero mole.
Gelo Torres, seco de palabras pero sudando entusiasmo.
Como el desánimo cunde, su contrario, la disposición total por la empresa hace las veces de vasos comunicantes nivelados entre sí. Era ni menos lo que se aspiraba en el ambiente.
Para la primera quincena de noviembre de 1988, los puentes presentaban un avance considerable, sin que aparentes ligerezas descuidasen detalles que hacen la vida de toda obra.
No era para suponer que alguno de los albañiles quisiera arrancharse a costa del municipio. Ninguno aspiraba a burocratizarse. Cada cual estaba consciente de que al terminar la obra quedaría la dicha de cumplir por conciencia y no a chaleco, cualidad determinante de la buena fama que les era reconocida en el medio local y cada quien a casita.
Tal vez otro elemento que contribuyó a que no se dieran punto de reposo fue el hecho vivido por ellos de la incomunicación en que habíamos crecido por allá no tan lejanos recuerdos en que el tiempo entre salida y llegada se alargaba por las condiciones del camino real en tres momento anuales: uno,las inundaciones, otro, cuando las aguas se retiraban y la tierra humedecida era un atascadero que no permitía avanzar ni a la mejor cabalgadura, y el de la seca, en que los caballos levantaban el polvo detrás del golpeteo de sus pezuñas.