27/07/202000:30:55

Don Enrique Gonzalez Pedrero XVI

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

27/07/202000:30:55

Cabe el reconocimiento para hombres que han hecho buen gobierno. El Bando de Policía titulaba: buen gobierno. Burla fina y sin disimulo. El tiempo, que asienta bienes y males, coloca a cada funcionario en su sitio: imparte entonces justicia, dando a cada quien lo suyo, a guisa de Ulpiano. Vale parodiar a Protágoras: El tiempo es la medida…
No comparte honores, pues, la gratitud, por demasiado subjetiva.
Reconocimiento al paso del tiempo que ni qué. Tal como oímos al presentar a don Enrique González Pedrero, en eventos como informes de cuentas anuales; es cuando, señores, el aplauso destaca, espontáneo. Y de ello toman nota a regañadientes hasta los caramente pagados de sí mismos. Si, a quienes encanta la foto a lado de…
Estas recordaciones, sin continuidad, no llevan sino el propósito de estar al lado de la razón. Don Enrique, en sus noventa años, goza el reconocimiento de una mayoría de tabasqueños, quienes conservan memoria de obras que parecían, en efecto, otra vez, de romanos, como los puentes de concreto: Balancán, El Bellote, Jonuta, Jalapita, Frontera… ¡para qué más!
Con tan valioso guía –Oh Dante-,sin desperdicio de palabras, -al diablo la modestia-, nos encomendamos a todos los santos oficiales para iniciar y concluir la ruta corta Cunduacán-Villahermosa, por motivos recurrentes anotados líneas arriba.
Si llegar a la Presidencia fue por feliz accidente, tal evento debía de volverse realidad del uno de enero de 1986 al 31 de diciembre de 1988, fecha en que entregamos –la obra- al municipio de Cunduacán, no sólo a los participativos habitantes de Cumuapa y sus alrededores. Que por ahí transita casi la municipalidad entera, excepción hecha de los ejidos Rancho Nuevo y Dos Ceibas.
El puente de Cumuapa, repito, fue punto de ramificación de otras obras que, con la venia del Covid 19, tal vez aluda en comentarios posteriores.
En la reunión con los llamados “volqueteros” destacó la presencia de los señores Tiburcio Zapata Ochoa, Aurelio Fuentes Sánchez, Desiderio Hernández, Tomás Arnulfo Hernández, entre otros; con quienes a rin “pelao” iniciamos, suspicaces, cambalache de ideas:
-No compramos camiones –dijo el Alcalde-, para generar trabajo a la Unión de Volteos y proveedores sobre todo de Cunduacán.
-Las condiciones –contestó Don Aurelio Fuentes, muy parco pero al grano-.
-Las condiciones: que no habrá moches ni favores para ningún empleado o funcionario del Ayuntamiento, incluido el Alcalde. La ganancia será: que ustedes denuncien…
-Y los pagos –dijo don Tiburcio, emotivo como siempre-.
-Los pagos cada viernes por la tarde.
Por históricas razones, ni ellos ni el Alcalde estábamos del todo metidos en el asunto.
Hasta no ver, dijimos sin palabras.
Para vigilar la llegada de cada viaje, nadie más acreditado que don Andrés Ochoa Izquierdo, y en el punto de salida, donde estuviese el arenero, don Máximo Leiva, pez en el agua sobre tema.
El primer viaje resultó casi invisible. Oh, qué desencanto. Digo por qué en lunes entrantes.