07/01/201900:00:36

El Equipo

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

07/01/201900:00:36

No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda que esté delante de él”.La advertencia bíblica sigue ofreciendo enorme significado de presente histórico, si bien tratándose de la familia dentro de la vida pública, en el ejercicio del poder, ésta ayuda en la medida de ser menos visible. Entorpece, pues, su presencia.
La cita se da como recordatorio permanente para quien tenga oídos y ojos, sobre poco más o menos. Tampoco se trata de llenar un organigrama, cada vez más obeso, con esa enfermedad común y corriente llamada burocracia. Es que pretende conducir al hombre -y a la mujer, se dice ahora- a reflexionar eso de con quién andas, con quien te juntas, de quién o quienes te apoyes para plantarse como los buenos y dar consecución a tareas de interés público. Por supuesto que quien sabe dónde tiene los pies orientará la cabeza a lugares más congruentes.
Caso contrario: si no acierta, luego puede encajar al pie de la letra eso de dime con quién andas y te diré quién eres o que los burros se buscan para rascarse. O que la caída mayúscula no la sufren los pequeños sino quieren llevan las riendas. Pero ni las citas bíblicas con toda su vigencia ni el refranero picante sacan de apuros a quien no está consciente de la posición que ocupa para moverse en consecuencia y acompañado de personas aptas y probadas, que las hay.
Las emociones juegan y veces no el mejor papel. Quién no las experimenta, pero cuánto daño hace cuando tales emociones estallan en cabeza propia.
La gente quería saber y pronto quiénes formarían el nuevo equipo de gobierno. Opiniones, de buena o de mala fe, no se hacen esperar. No falta quién pregunte de buena manera: -¿Y tú vas a estar?
No falta quien suelte de mil formas -Quiero estar. Ni quien se promueva en las redes con un currículum impresionante de hazme reír.
Cierto es que las emociones juegan. Al final, la voz autorizada da a conocer nombres del equipo de gobierno. Algunos por conocidos y otros por desconocidos dan motivo a diferentes impresiones.
Sin embargo, el equipo no por ello puede afirmarse que ya arranca desde su mejores puntos de referencias. Tendrá que pasar por un proceso de tracto sucesivo, ininterrumpido, coherente.
La prueba no es haber logrado el nombramiento si apenas esto empieza y no precisamente en el mejor ambiente. Quien o quienes no aparecieron quedan con el resquemor de no haber sido tomados en cuenta a pesar de…
Pese a ello, ese resquemor es superable casi a corto plazo.Lo delicado va en que cada uno de los integrantes del equipo dé la medida necesaria en el largo y el ancho. Es decir que no sólo empiece por empalagarse en sus propias complacencias sino que en su espacio se mueva con el mayor conocimiento de causas y afectos en lo que hace pruebas propias del encargo.
Surgen las opiniones generales y dispersas en varios sentidos. Pocos, muy pocos, entienden la razón de ser de todo el equipo. Otros le llaman reciclable, por referirse a un adjetivo mal gastado. Habrá quienes piensan de adentro para afuera, sin chistar, pero convencidos de que…
Aquel que desde ahora mismo no está debidamente instruido del cargo, pues navegará sobre balsas esperando y diciendo que lo hace por instrucciones de quien proviene su nombramiento. Ah, qué frasecita tan metiche.
Aquél muy seguro de que si antes lo hizo mal ahora lo hará perfectamente bien como si cumplir el encargo dependa más de quien da el nombramiento que de quien lo recibe. En ese reacomodo entendible y no siempre justificable, no pocos pensarán su papel para desempeñarlo sin tener que atenerse a las instrucciones y órdenes del jefe.
Convengamos, de buena fe, que la mayoría cuenta con antecedentes personales que avalan su mejor desempeño. Pero no dejemos de suponer que si alguno lo hizo mal en el pasado inmediato, por una clara percepción social, lo más probable es que ahora lo haga peor aunque la percepción tenga otros ingredientes.
¿En cuántos días veremos si el equipo está debidamente integrado, es decir trabajando humanamente de conjunto como tal, entre aciertos errores?
Porque si uno, sólo uno falla, tengamos por cierto que ello afectará a los demás; y si fallan dos o tres, peor que peor.
Todo es posible. Por qué no. Hasta cierto punto los golpes enseñan.
Lo que no será posible ni normal es que si, a la vuelta de noventa días, el equipo adolece de dos o tres troneras y no se corrigen sobre la marcha, los resultados serán más duros de alcanzar. Porque está probado también que mucho estorba el que no ayuda.
Así, pues, y tratando de no echar a perder tantas emociones de varia índole, esperemos que los ajustes se den a tiempo, a título de experiencias que ya no deben por ningún motivo aplazarse.
El equipo, pues, tendrá que integrarse a la voz de ya, integrarse, insisto, sobre el corto plazo, para dar cuerpo poco a poco, sin prisas, a la realización de sueños pendientes que algo o mucho tienen qué habernos enseñado.