27/08/201800:00:25

El México que viene

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

27/08/201800:00:25

El México que viene, por lógica, será una continuación corregida y aumentada del México que hemos compartido a regañadientes. Vale más sea corregida sobre la marcha.
Con que no se repita la hegemonía de una organización política. No vaya a ser que las inercias del pasado quieran navegar entre imposición y oposición.
Tendrá que darse una gran APERTURA hacia adentro. Nada de paradojas. No dejarse engatusar por el espejo que siempre parece y nunca llega a ser lo que somos.
Tomar en cuenta al pueblo es reconocer que muchos pueden equivocarse menos aún siendo depositarios del poder. Escuchar es la clave, a condición de no confundir el sebo y la manteca. El chisme con la agudeza del oído.
Ese depósito que no siempre fue resguardado con la ley en la mano porque no es tan simple como a la ligera ocurre y de cuyos yerros el ciudadano común, no corriente, dio testimonio a tiempo para que el voto se emitiera como antes no se había dado.
Los días tienen que procesar lo ocurrido antes y después del primero de julio. Repetirlo no es ocioso cuando el ocio llegó a ser una de las causas de tantos desatinos en el manejo de la cosa pública. Apuntarlo en la cuenta diaria ofertará la posibilidad de que quienes asuman el cargo lo hagan a plena conciencia de responsabilidades por cumplir al pie de la letra y las realidades cambiantes..
Tres y seis años son suficientes a vigilar el comportamiento del funcionario público y para que quien no funcione reciba la sanción de inmediato más que de electores de los órganos de gobierno ignorados en la historia que no debe repetirse.Ya no más de hacerse guajes. Entre errores y equivocaciones hay una gran distancia. Roque Barcia dijo que aquellos se cometen por descuido y las equivocaciones por desconocimiento. Lo cierto es que unos –errores- y otras –equivocaciones- han jugado casi siempre un papel constante que ya debe darse por agotado y tomarse en serio.
Hay que revisar tantas conductas como actores políticos y sociales actúan en determinado ambiente.
El funcionario público debe funcionar como una necesidad inaplazable. No hacerse bolas ni con la lengua ni con sus actos por acción u omisión.
Nada de seguir a la espera de que aprenda.
Quien desde estos días previos se haga acompañar de malas juntas estará emitiendo mensajes azarosos. La gente sabe que aquello de dime con quién andas y te diré quién eres pese a todo no ha perdido por lo menos vigilancia social.
Nadie tiene qué rodearse de ángeles pero sí de personas de buena reputación y probada capacidad de trabajo. Quién ha fallado antes, con toda seguridad, fallará de inmediato.
Quien ha quedado mal seguirá quedando peor y de nada sirve que quien le dé el apoyo y nombramiento apechugue consecuencias cuando estas históricamente han servido para nada, porque no se trata de cumplirle al jefe sino al pueblo y eso no será materia fácil de aprobar al paso de los meses. Las consecuencias personales han sido intrascendentes. Las peores corresponden de de hecho al pueblo. De manera que nada perderá quien haga un mal nombramiento.
Por eso es tan embarazoso predecir el México que viene cuando el acomodo entre lo que ha sido y lo que debe hacerse implica tantos encuentros como desencuentros dentro del mismo equipo de gobierno y en lo social que ha experimentado y pide cambios dignos de tomarse en cuenta sin excusas. Nadie quiere lo perfecto. Todos aspiramos a lo correcto que por cierto no es materia de barco ni de fácil aprobación.Si todo consistiera en predecir y pronosticar, las cosas estarían expuestas sólo al futuro siempre incierto cuando el presente es el tiempo que debe atenderse y entenderse sin demora.
Hay espacios que en la vida de la nación deben revisarse con total objetividad. Buscando en el pasado hasta lo peor para aprender a no repetirlo.
Espacios y figuras que en la realidad no ha sido más que escudos para que el funcionario haga lo que le parezca sin considerar ningún principio legal o por lo menos ético. Y esos espacios se han vaciado en perjuicio nada menos que del progreso, a tal punto que éste se ha entendido como todo aquello que se da incluido el desorden que nos ahoga todos los días y todos los sentidos.
Figuras como las de soberanía y autonomía han venido a la baja como si no fueran la parte fundamental del bueno o mal gobierno.
Que el municipio es autónomo es una falacia convenientemente armada por parte de casi todos de quienes lo han presidido. De la soberanía quedan casos superexcepcionales. Por eso tanto desconcierto, aún tanto ego de parte de quienes obtuvieron el triunfo electoral sin haberlo merecido. Pueden sentirse autónomos y soberanos desde ahora mismo.
Así el México que viene nos tiene que preocupar y comprometer, en razón de que éste no se dará a la medida de aplazar los pendientes que son muchos si no es con una ciudadanía alerta y crítica revelada de mil formas y sin tardanza.