07/11/201800:00:09

¿Enemigos o víctimas?

Guillermo Hübner Díaz Guayabera Política

Guayabera Política

07/11/201800:00:09

Son los políticos corruptos los que piensan que los periodistas profesionales somos sus enemigos personales o del gobierno al que sirven o dicen servir. No me cabe la menor duda. Les provoca salpullido, al menos, pero casi siempre gravísimos trastornos en el sistema nervioso central, el hecho de atestiguar sus componendas, abusos, violaciones a toda norma, a la Ley de Responsabilidades, que seamos testigos de conductas carentes de ética y moral.
Y no sólo eso, sino también que se asuma con responsabilidad el compromiso vital con la sociedad de informarla con veracidad y oportunidad y denunciar los actos vergonzosos y “secretos” de Estado que tanto daño les hacen a México y a Tabasco, a la política, a la administración, a la democracia y a la libertad, estará de acuerdo, amable lector.
Eso, el grueso de los políticos, porque los hay ‘ilustrados’, cuasi ‘académicos’, que al recibir alguna crítica periodística, piensan de inmediato que se desestabilizará el gobierno o que alguien andará tras su puesto, el que no desempeña con eficacia. Para qué abundar. Son los miedosos que por inexpertos no entienden ni atienden a la prensa, reparan sólo cuando son afectados y suelen responder de alguna manera violenta, distantes de la realidad que se vive y de la inteligencia que les permitiese establecer y mantener una relación extraordinariamente productiva en lo social y en lo político, con los periodistas.
Los políticos corruptos ignoran que hasta los dictadores necesitan de la prensa para formar entre la población una opinión favorable a su quehacer, por aberrante que este sea en la realidad, para así sostenerse en el poder sin el menor temor de sufrir una sublevación popular o un atentado directo hacia su persona que pudiera inclusive ponerle fin a su vida.
¿Por qué entonces en una democracia no se le da al periodismo profesional la importancia que merece como promotor, levantador y formador de opinión, de esa que, entre otras, necesita el gobierno para tomar sus mejores decisiones? ¿Por qué en muchos sectores del gobierno se le tiene al periodista profesional como enemigo desatendiéndolo por completo? Es necesario establecer una nueva relación Prensa-Gobierno-Sociedad. Es urgente.
Durante el gobierno del economista Arturo Núñez Jiménez, en una primera etapa encargada a la comunicóloga Dolores Gutiérrez Zurita, “Lolita”, hubo mano dura en contra del periodismo profesional, se favoreció en muchos casos a “cuates” con cuotas de publicidad generosas e inmerecidas, aparecieron de repente invasores de la cultura en desayunaderos que jamás cruzaron por su mente; a informadores de prestigio, con credibilidad y trayectoria, con aceptación social e importancia política, se les limitaron las posibilidades de crecer por el simple hecho de no haber participado en campaña.
Las cosas hoy en día no han mejorado mucho que se diga, no por incapacidad, mano dura o arbitrariedad del sucesor de Lolita, el prestigiado político y periodista Francisco Peralta Burelo, sino, se nos dice, por la crisis financiera que vive la entidad, cosa entendible pero que, dicho sea de paso, no ha manejado con acierto la oficina encargada, no previó ni planeó las acciones adecuadas para enfrentarla y salir adelante, existe la creencia de que en “alguna” oficina se ejerce el poder “con miedo a los medios” o se desprecia a muchos por no aceptar ser parte del coro de aplaudidores o protectores de múltiples desvíos, dispuestos a todo en la defensa de prebendas y privilegios.
El tesorero del Estado, o secretario de Planeación y Finanzas, como se llama la oficina, el licenciado Amed Ramos Traconis, anunció la semana pasada que las finanzas del Estado son sanas, que hay rumbo y certeza y fondos suficientes y que no quedará un solo compromiso pendiente al término de la jornada sexenal, que todo se pagará, lo cual abre la posibilidad de que tanto las empresas como los informadores que prestan sus servicios al Estado difundiendo sus proyectos, programas, campañas y toda acción orientada al beneficio de la sociedad, sientan alivio después de no cobrar sino un solo mes durante el presente año, sientan verdaderamente que ha sido la crisis la encargada de flagelarlos y no la corrupción política tenida como fuente de odios, de resabios, de desprecios hacia el periodismo profesional que sí sabe de compromisos y no de componendas. No está de más repetir, para terminar: Los periodistas profesionales no somos enemigos del gobierno. No. De ninguna manera. No somos enemigos de la sociedad. No somos enemigos de nadie, salvo de la corrupción, de la maldad y de la ingratitud.