03/11/201923:28:20

Gran vida. I de II

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

03/11/201923:28:20

A la vida no le doy tamaño, ni pesa, ni medida. No resulta de años cumplidos a lo tonto, ni por centímetros de altura.
No es grande, pequeña, dulce ni amarga. Tampoco lo que la suerte quiere, dijo el poeta.
La vida es lo que tú quieres, a tu cuenta y riesgo, si así la haces o deshaces. Lo sabes. Lo sé. Vamos a intuir: lo presentimos en señales que valen asuntarse.
No nos hagamos. La vida no depende de ti ni tú dependes de la vida. Ciertas dependencias reducen, esclavizan. Consiste en medir palabras y obras, a fin de lograr no siempre todo, pero siempre algo por lo menos de lo propuesto; partiendo de que algo es tanto más que nada.
Ejemplos miramos por todos los puntos.
Empecemos por el espacio que ha venido a menos en varios períodos de gobierno, el campo, y que, ahora, empieza a tomarse en serio, testifican buenas lenguas laborando pequeñas extensiones.
La vida del campo, ah, qué vida.
El campesino, por lo general, trabaja a la intemperie, a veces entre hormigueros, abejas africanas y lo que llamamos inclemencias del tiempo, ensopado de sudor y agua de lluvia.
Pero en esa vida de tanta terapia poco valorada, hay una de dos.
O te ocupas o te haces pato. O siembras o compras lo que otros cosechan.
Qué pasa si no trabajas. Tan sencillo que la flojera se apodera de ti y estarás presto a tender la mano a cualquier amago al dinerito del gobierno.
Qué pasa si no trabajas. Pues pasa que pese a todo el apoyo que recibas del gobierno, sobre todo si no es supervisada su correcta aplicación, tú vida no va a mejorar y, antes al contrario, te quejarás hasta del propio benefactor.
Por cierto, no faltará quien protesta: -Ah, no; si me van a estar vigilando, no le entro.
Qué pasa si trabajas. Pasa que vas a cosechar como te lo propusiste o mejor que ello.
Casos de esa índole los hay aunque no con la visibilidad que quisiéramos.
Antonio, por ponerle nombre, siembra tres milpas al año. Por las tardes las cuida de cheches, ratas y de uno que otro vecino hecho y criado para pepenar lo que no es suyo.
Al final, Antonio cosecha bien y bien cada milpeada. Ahora está en el periodo de dobla y tapisca. Pide ayuda a tres o cuatro compañeros del campo. Se la dan. Y cada uno recibe manos de maíz.
Eso. Eso es la vida. Antonio no compra maíz en la tiendita. Los demás sí. Al primero le alcanza su salario. A los demás no.
Eso es la vida.
Vienen otros ejemplos, ¿buenos? ¿malos?, según, que están en la mente del más despreocupado.