15/10/202023:55:22

Inundados, ni son todos los que están, ni…

Salvador Fernández Tiempo de política

Tiempo de política

15/10/202023:55:22

La visita presidencial del próximo domingo alborotó todas las hormonas económicas, sociales, políticas de los tabasqueños de a pie, de los suspirantes a candidaturas de las alcaldías hasta la propia gubernatura con presencia y ausencia de los apuntados en primera línea para suceder al mandatario Adán Augusto López Hernández.
El frenesí incluso hizo olvidar el curso en el estado -afortunadamente a la baja- de la pandemia del coronavirus y la terminación del subsidio de la tarifa de verano de la electricidad desde el primero de octubre. Ya vendrán los llantos en el siguiente recibo
Todo comienza porque hay una cultura de la reclamación bien arraigada, bien adherida a los movimientos político-electorales, alimentada socialmente en cada inundación.
Quienes tenían cinco o seis años en 1999 experimentaron la inundación con Plan DN-III, Plan Marina, en albergues, con comida caliente, con los hombres acostados en las colchonetas, con payasos para los niños. Una verdadera fiesta.
Esos niños tenían en las sucesivas catástrofes 11 años en el 2007, 12 en el 2008, 13 en el 2009, 14 en el 2010 y 24 años en este 2020.
Para esta generación de habituados a la industria de la reclamación, las inundaciones son motivo de ayuda, rescate, dadivas, restitución de enseres domésticos, etc., que su propia, personal y familiar responsabilidad, prevención limitada o inexistente, es endosada populistamente a la autoridad.
Es el ayuntamiento, el gobierno del estado, ahora el primer presidente tabasqueño, quienes deben responder por haber construido ellos en zonas de riesgo y sin el relleno mínimo para la base a salvo de sus casas habitación.
Los daños por el irresponsable manejo de las presas ya es otro asunto y por ello deberán responder las Comisiones Federal de Electricidad y Nacional del Agua, es decir, el gobierno federal que ahora lo encabeza el tepetiteco Andrés Manuel López Obrador y que en inundaciones pasadas exigió presupuesto suficiente para resarcir el daño en las viviendas, los vehículos, los enseres domésticos, los ganados, los cultivos, etc.
Es lo mismo que ahora exigen los 600 mil tabasqueños afectados y habituados al reclamo, por las precipitaciones y el desfogue de las presas que no debieron darse si los embalses se hubieran administrado lo suficientemente vacíos para resistir la temporada de lluvias.
El tema es que concluyó el censo a cargo de la Secretaría de Bienestar federal y solo fueron 30 mil los enlistados para recibir los 10 mil 500 pesos para enseres domésticos y los montos variables para restaurar las viviendas que pueden llegar hasta los 90 mil pesos.
Como era de esperarse, todos querían sus vales de apoyo, incluso los que no se fueron al agua, con el pretexto de la anegación de sus calles, sus colonias, sus rancherías. El punto era hacer bulla, filas, bloqueos para tratar de sacar provecho de la confusión.
A los damnificados reales se les sumaron vivales y a ambos en muchos casos, sin lugar a dudas, se les organizó a través de delegados municipales y líderes naturales de colonos para exigir los apoyos. Entró de llenó la grilla, la política, la precampaña para los comicios de intermedios del 2020.

TIEMPO FUERA. - Las aguas malas arrastraron a la planicie tabasqueña a toda una fauna de indeseables oportunistas. ¿Los aquietará el presidente con los anuncios y decisiones importantes prometidos para este domingo?