01/07/201905:00:31

La “condición humana” y los proyectos municipales

Guillermo Hübner Díaz Guayabera Política

Guayabera Política

01/07/201905:00:31

La definición, una de tantas, no es nueva, pero ilustra. Me gusta y gusta a muchos. Es la que dice que: La política es la actividad humana por excelencia, no sólo porque su función está enfocada al servicio y el bienestar de la comunidad y convierte al hombre en su objetivo fundamental, sino porque hasta los sentimientos intervienen cuando se trata de encontrar fórmulas para una mejor convivencia.
Humanista y humana, pues, es la política que, como tal, incorpora también ingredientes indeseables que afloran desde lo más profundo de quienes se dedican a su ejercicio, indeseables, sí, y al mismo tiempo inevitables, como son los que dan vida a lo que conocemos como “condición humana”.
En este marco, vemos que hay quienes se dedican a la política por un afán de servicio; otros por el mero juego de la inteligencia y la oportunidad con sus armas la habilidad, la sutileza, la audacia y el valor, y muchos más, particularmente en nuestro medio, que ven en la política un recurso para el lucro, el enriquecimiento fácil y el disfrute de influencias y otros beneficios que halagan únicamente al individuo y a su círculo muy particular.
Es en estos casos cuando aparecen con mayor virulencia los ingredientes indeseables: la ambición, la envidia, el servilismo y la traición con su arma principal: la zancadilla. La adulación merece un capítulo aparte, es el “ábrete sésamo” de los que ingresan por la puerta falsa a la política.
Durante junio se han vivido en Tabasco, particularmente en el municipio de Centro, varios episodios que constituyen un fiel reflejo de la descomposición política existente, aunado ahora el uso, muchas veces procaz, que “periodistas” hacen de las redes sociales con la falsa idea de que con ello contribuyen al fortalecimiento de la sociedad y ellos mismos cobran trascendencia de alto nivel.
Así, vimos como dos proyectos del Ayuntamiento, de innegable importancia, fueron echados abajo con argumentos muy alejados de la importancia y utilidad que pudo haber tenido cada uno de ellos, hablo de la construcción de un nuevo palacio municipal y de la concesión del servicio de agua a una empresa particular.
En el primer caso, la propuesta consistía en vender el inmueble, muy deteriorado por cierto, que actualmente es sede de la presidencia municipal, que ni es joya arquitectónica ni monumento histórico, precisamente, y con el producto construir una nueva sede a unos 15 kilómetros al este de Villahermosa. Se remodelaría una parte, para conservar allí la Presidencia, la Secretaría y la dirección de Finanzas, instalándose cajas inteligentes para la realización de trámites y pagos de diversa índole, el estacionamiento trasero se conservaría pero en forma subterránea y en la superficie se construiría un hotel y dos edificios más.
Para comodidad de quienes tuviesen la necesidad de trasladarse al nuevo palacio, se pondría en marcha un moderno tren eléctrico que lo mismo daría servicio al público que a empleados, estimándose paradas en Dos Montes, el Aeropuerto Internacional y Universidad Olmeca. Pero se armó la gran bulla del siglo y el proyecto cayó a tierra.
El otro caso era concesionar el servicio de agua potable a una empresa particular encargada de renovar las plantas de tratamiento existentes y construir las que faltasen, lo mismo que las redes de tubería existentes, tanto las destinadas a recoger el agua lluvia como las de las aguas negras con su contenido putrefacto de todo tipo de desechos.
Para estos trabajos, que finalmente garantizarían permanentemente a la población un servicio óptimo y por supuesto la calidad del líquido para que las personas pudieran tomarlo directamente de las llaves para consumo humano, se requieren actualmente unos 13 mil millones de pesos, que el Ayuntamiento no tiene, y que la empresa se encargaría de invertir, teniendo la administración del servicio entre 20 y 25 años, suficientes para recuperar la inversión y obtener alguna utilidad. Pero ocurrió lo mismo. Se armó la gritería. Las redes se dieron vuelo insultando al alcalde y no faltó el político oportunista que saliera a descalificar la utilidad y necesidad de las acciones a tomar. Pobre Villahermosa, tendrá que seguir sufriendo las insuficiencias, pues por más que invierta el Ayuntamiento, con un presupuesto anual de egresos de alrededor de 3,500 millones de pesos, no se podrá ir a ninguna parte. Hay que seguir gritando y mentando madre, pues.
Ojalá hubiera la posibilidad de reconsiderar los proyectos y que los tabasqueños alcancemos un día, no muy lejano, la capacidad e inteligencia necesarias para ejercer una política como la que hemos aspirado ejercer desde hace muchísimos años, en la que no jueguen un rol importante los criterios empaquetados ni la dichosa condición humana, que impiden la realización de proyectos y programas que pueden arrojar beneficios incuestionables a la población. Ojalá. Las buenas intenciones del alcalde y su equipo de colaboradores, queda por lo pronto en el aire.