10/06/201903:49:35

La Dependencia Energética de México

Manuel Rodríguez González Análisis

Análisis

10/06/201903:49:35

Hoy más que nunca cobra relevancia los postulados de seguridad y soberanía de la nueva política energética planteada en el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024; sobre todo después de las tensas negociaciones entre México y los Estados Unidos para desactivar una amenaza arancelaria en contra de la economía nacional. Si bien no estamos ante una situación de escasez o volatilidad en los precios, y tampoco ante un contexto geopolítico delicado; el reciente diferendo comercial y migratorio con nuestro vecino país del norte, nos obliga a mantenernos en guardia para anticiparnos a potenciales riesgos, sobretodo apoyando la política pública del sector para disminuir la gran dependencia energética que tenemos de Estados Unidos.

Ante esta circunstancia resulta idóneo definir el concepto de seguridad energética, recurriendo al marco teórico que nos ofrece Víctor Rodríguez Padilla en su obra publicada a finales de 2018, “Seguridad Energética: análisis y evaluación en el caso de México, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Serie Estudios y Perspectivas, México, No. 179”, donde aborda el tema de la seguridad energética en México desde diferentes ángulos, así como los desafíos y retos actuales en el marco de la relación bilateral con los Estados Unidos. En el primer apartado a partir de 45 definiciones de seguridad energética, plantea una naturaleza multidimensional del concepto que exige respuesta en todas sus variantes dando a conocer los diferentes modelos para su evaluación, y poniendo énfasis a su carácter indisociable a la racionalidad y sustentabilidad del consumo como premisa básica para su consecución. El concepto de seguridad energética se acuña a mediados del siglo XX como un tema propio de la Ciencia Política relacionado con la defensa, soberanía y la geopolítica a partir de quien controla las regiones energéticas y las rutas de acceso, y es utilizado para hacer referencia a los suministros de energía para las fuerzas armadas. Posteriormente se traslado de lo militar a lo civil la necesidad de satisfacer la demanda del crecimiento de las economías, la movilidad y el consumo de la población; de esta manera el enfoque centrado en la robustez del sector, transita hacia las áreas de las ciencias naturales, de la ingeniería y la economía, complementándose entre sí. A partir de una visión basada en los límites globales se han colocado los temas del cambió climático, el calentamiento global y la transición hacia fuentes alternas como asuntos de seguridad energética.

Otro de los ejes desde la perspectiva de las ciencias naturales y la tecnología basada en la economía, está relacionado con la vulnerabilidad de los sistemas complejos y su capacidad de resiliencia como, por ejemplo, la exposición de las redes eléctricas y reactores nucleares ante fallas humanas, conflictos sociales, sabotajes y desastres naturales. Un último eje está basado en la capacidad de reacción del mercado ante un desbalance entre la oferta y la demanda, donde la rentabilidad ocupa un lugar central y las fallas de planeación y del marco regulatorio detonan los riesgos; parte del concepto de que la seguridad energética es la disponibilidad ininterrumpida de fuentes de energía a precios accesibles. México encuadra en esta conceptualización de seguridad y vulnerabilidad energética desde varías vertientes: redujo su producción de 3 millones 383 mil barriles diarios en 2008 a 1 millón 811 mil barriles diarios en 2018; un Sistema Nacional de Refinación operando al 41 por ciento de su capacidad como consecuencia el 78 por ciento de la demanda nacional de gasolinas se cubre con importaciones, teniendo solamente tres días de capacidad de almacenamiento; y de igual manera el 90 por ciento de nuestro consumo de gas depende de las importaciones de Estados Unidos, contando solamente con un día de almacenamiento.
La dependencia energética con los Estados Unidos es una amenaza que no necesita ser detonada para sentir su peso; es un arma de negociación como la que uso la Federación Rusa con Ucrania, cortándole el suministro de gas a cambio de mejores condiciones para su base militar en Crimea.