12/09/201800:00:39

La historia, brújula de la 4a Transformación

Guillermo Hübner Díaz Guayabera Política

Guayabera Política

12/09/201800:00:39

Alas 3 figuras históricas: Juárez, Madero y Cárdenas, que aparecen en la mampara de fondo en el escenario desde el cual Andrés Manuel López Obrador, hace sus anuncios cotidianos en Ciudad de México, hay que seguirlos en su ejemplo, no sólo rendirles culto o mencionarlos en los discursos. No será suficiente tal cosa para que se tome conciencia cívica y responsabilidad patria, principalmente los que lo acompañarán en la tarea de transformar el país.
Se debe de tener presente en esta etapa anunciadora de cambios profundos para México, algo que le escuché a un alcalde de Nacajuca: Carmen Sánchez Jiménez, en tiempos del gobernador Enrique González Pedrero.
“Hoy más que nunca es necesario repasar nuestra historia con el fin de encontrar las directrices que nuestros grandes hombres nos han señalado, porque hoy al igual que ayer vemos cómo negros nubarrones se cierran contra nuestra soberanía e independencia”.
Igual que ahora, toda consideración guardada, hay que marcar bien esto, pues no faltará el analista que aclare que aquellos eran unos y los actuales otros tiempos, que ni México ni Tabasco son los mismos y que nuestras relaciones con los países son diametralmente distintas. Puede que sí. Puede que no, amable lector, pero el peligro de perder nuestras grandes riquezas y torcer el rumbo, es el mismo.
Por conocer a Andrés Manuel, podría asegurar, en estos tiempos de crisis multifactorial, nacional e internacionalmente considerados sus componentes, que sólo los pusilánimes y los fatalistas podrían dudar de su capacidad para enfrentar las adversidades y salir victorioso.
Creo precisamente que por haber recogido las enseñanzas de la historia, que para él han sido fuente inagotable de enriquecimiento social, humano y político, no transigió jamás en sus principios ni los negoció por intereses rebajoneros, alcanzado con resonante éxito la primera magistratura.
Pero tendrían que ser todos, o cuando menos una considerable mayoría de sus futuros colaboradores de gabinete y una buena parte de quienes, abanderados por su partido, MORENA, ganaron en las urnas el cargo de diputado, local o federal, de presidente municipal, de senador o de gobernador, los que se desempeñaran observando principios y valores, ahora perdidos, para dejar atrás prácticas de gobierno rutinarias, acostumbradas, viciosas, y contribuir con absoluta honradez a alcanzar esa cuarta transformación de la república que no sólo debe de ser bandera sino propósito irrenunciable.
“O avanzamos con la historia a pesar de todo, o la historia nos caerá encima con fatalidad”, diría también aquel alcalde surgido de las filas del pueblo oprimido, llamando a sus gobernados a responder con fuerza, trabajo y dignidad, a los embates de una clase política que ya comenzaba en esos años a diezmar, a liquidar el patrimonio nacional vendiendo sus bienes al mejor postor. Más, no se pretende señalar o perseguir ahora a los culpables de fracturar la integridad nacional y desaparecer, o casi, ese patrimonio que con pros y contras, contribuyo en mucho al bienestar de millones de mexicanos.
A esos todo mundo los conoce y serán los tribunales, acaso, pero la historia sí, con absoluta seguridad, la que se encargue de juzgarlos con el rigor que sea posible aplicar.
En este sentido se ha manifestado Andrés Manuel, asegurando que los tiempos actuales son más de buscarle solución a los grandes problemas tal y como en su momento hicieron precisamente los prohombres que inspiran su acción revolucionaria y nacionalista, además de José Ma. Morelos y Pavón, los que vigilan sus actos y dichos; Juárez, Madero y Cárdenas
De no tirarse por la borda las grandes enseñanzas de nuestros próceres para aplicar con sabiduría y éxito las estrategias que los tiempos actuales reclaman como herramientas insustituibles para sacar al país del atraso, la corrupción y el delito, podría augurarse que dentro de seis años México será un país próspero, seguro, unido, solidario, educado y sobre todo muy saludable.
Es un buen signo el que Andrés Manuel se mueva como Presidente de la República, como lo ha hecho a lo largo de su trayectoria pública, llevando en la mano la brújula nacional sellada por una frase que dice mucho y resume más; ¡Quien no conoce la historia está condenado a repetirla!
El problema sería que sus colaboradores y correligionarios, lo traicionaran y convirtieran la oportunidad de servicio obtenida en las urnas, en ocasión para abundar en privilegios y abusos, desconociendo olímpicamente los muchos sacrificios que ha costado llegar adonde estamos y lo que falta para alcanzar la prosperidad.