07/09/201812:54:02

Las elecciones (Adán), reto y compromiso

Guillermo Hübner Díaz Guayabera Política

Guayabera Política

07/09/201812:54:02

E l pasado 1° de julio los tabasqueños decidieron quien sería su gobernador y quienes sus alcaldes y diputados. Votaciones determinantes marcaron nuevo rumbo a un barco que en los últimos años, como predestinación, navega por aguas procelosas retardando su llegada a puerto, en las que si no ha naufragado ha sido por la pericia del timonel.
Estos comicios fueron los más votados de la historia política tabasqueña –y del país respecto del proceso federal-; con su voto el pueblo expresó abundantemente lo que piensa del gobierno, de los hombres y mujeres que intervienen en él y de las instituciones que rigen su destino.
Lo hizo en paz y en seguridad. Lo hizo plena, democráticamente. No fueron –son- estas elecciones, cualquier cosa.
Han sido, sí, algo así como coronación de una actitud y un esfuerzo que comenzó hace seis años cuando el Partido de la Revolución Democrática, PRD, alineado a la izquierda, lanzó a la rosa de los vientos la noticia de que el abanderado en pos de la gubernatura, sería el senador Arturo Núñez Jiménez, uno de los mejores políticos del país.
Nunca imaginó nadie que la nueva administración se encargaría más de mantener el barco a flote soportando toda ofensiva, incluso maniobras torpes de algún tripulante, que de avanzar conforme a una ‘hoja de ruta’ planeada e integrada con buenas ideas, intenciones, y acciones a desarrollar.
Muchos proyectos y aspiraciones, a poco de concluir el viaje actual, van quedándose cerca o lejos de las metas, sin cumplirse, asunto a veces no muy bien explicado por quienes debían de hacerlo, factor que ha actuado con insidia en el terreno del rumor insano, llegándose al extremo en distintos sectores de considerar que nada se ha hecho, no obstante que lo hecho está a la vista de todos.
Todo esto y más hizo que los electores se volcaran en las urnas y otorgaran su confianza a una nueva bandera política, la que ondea en las manos de Andrés Manuel López Obrador, por cuanto al país, y en las de Adán Augusto López Hernández, por cuanto a Tabasco, dos políticos de distintas hechuras pero convergentes en el propósito primordial de la función pública, el de servir, no servirse de ella.
Más de 30 millones de votos para Andrés Manuel y alrededor de 700 mil para Adán Augusto, no deberán de constituir sólo un motivo de alegría y orgullo para ellos por cuanto el precedente de que dieron como resultado las elecciones más altas de la historia.
Corresponder a esa confianza y enaltecerla con hechos y honorabilidad, constituye sin lugar a dudas, para ambos, un enorme y formidable reto y una monumental responsabilidad. Deberán de afinar muy bien sus estrategias, sus proyectos y programas, para lograr satisfacer el mayor número de necesidades de tantos millones y millones de mexicanos agraviados.
Aterrizando en Tabasco, nuestra más inmediata semejanza, hay que decirlo, a lo largo de su tiempo el gobernador Adán Augusto López Hernández, rodeándose de hombres y mujeres intachables, comprometidos con la renovación, con la actualización del Estado, con la conciliación de la sociedad y la modernización de la administración pública, habrá de librar sus mejores batallas para salvar su prestigio, no por vanidad sino por amor a la verdad y para preservar su obra.
Trabajo arduo le espera a este hombre de hondas y honorables raíces paraiseñas que habla poco y desea hacer bastante. Siempre al lado del pueblo con el único estilo posible de hacer las cosas en tiempos de la Cuarta Transformación de la República, el de la honestidad.
Tiempo habrá y se piensa también que recursos suficientes. Ningún regateo habrá para que los tabasqueños lo vean, oigan, toquen, comprendan y confíen en él. Pronto, comenzará su quehacer, será el tiempo de traducir sus palabras e ideas en acción, sus propósitos en hechos y sus intenciones en activa voluntad de servir. Muy pronto.
Establecidos están los mecanismos de participación social. El pueblo ya expresó su voluntad y depositó su confianza, de él depende dejar a salvo esa conciencia ciudadana que le confió el timón de una nave destinada a mejores rutas y a mejores puertos de arribo. Es un reto. Es un compromiso. La gente quiere ser más dueña de su destino. Tiene la palabra el Señor.