12/03/201800:01:15

Las Regidurías

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

12/03/201800:01:15

Casi resuelta la nominación de candidatos para Alcaldes, entre el tira y afloja dado al interior de cada Partido, ¡pácatelas!, casi que de familia en familia sigue el barullo por integrar la planilla de candidatos a las demás regidurías, tarea nada menuda en razón de que pocos no quieren entre muchos que sí y en seguida presionan a muerte como para pasar meramente a mejor vida. Tales actitudes “obran” a reventar de lugares comunes. ¡Hay cada pretendiente!
En los caminos de la complicada vida municipal donde movimiento no es progreso; en esos caminos que con frecuencia parece que ya no son de Dios sino del otro bando, ¡iche kareca!, nada de sorprender es hallarse en serio y en broma con sinnúmero de personas tratando de cubrir los requisitos, que si el acta de nacimiento con olor a nueva y lo demás. Personas poseídas de emociones fuera de control.
Hoy día las emociones tienen greñas masculinas y femeninas, dicho sin agraviar a nadie, a rajatabla, por el chaleco de la paridad.
Algunos dicen: -me fueron a buscar… y puede ser cierto.
Otros escarban la “oportunidad” a cara de todo.
Aquéllos pocos que fueron buscados, se encuentran de pronto entre la espada y la pared, y no es para menos aunque, por lo común, aceptan si al cabo nadie paga por no cumplir…Otros que huelen la nominación saben al punto que se trata de alcanzar el paraíso de una regiduría, en el número que sea, y san se acabó. Lo demás de ver y haber sobre su funcionamiento será lo de menos, vaya.
En estos caminos de quién sabe quién pero de que cada vez son privados niños, adultos y familias enteras, la experiencia de las regidurías sin embargo se mueve, en efecto, sin saber a ciencia en qué sentido ni para qué ni a quiénes debieran servir.
Candidatos a Alcalde pueden satisfacer la oferta pegando en el clavo, al introducir al hijo de, con la avenencia del padre que algo trae entre manos y por supuesto de la gran familia, incluyendo abuelos y parientes por consanguinidad. Padres que por anticipado se dan por servidos que por ser tomados en cuenta aunque el pueblo ahora y en el futuro siga siendo cosa de poco aprecio. Cosa de valores entendidos vistos con una superficialidad que ya no asombra.
Quienes ahora cumplen pongamos treinta años y ya son padres de familia, no dejan de recordar: en esas calles jugábamos de niños, en ese parque…hoy ya no es lo mismo. ¿Cuántos regidores lo recuerdan?
Y, natural, no puede ser lo mismo si, como dijo el vecino ateniense Heráclito de Éfeso, todo fluye, todo cambia. Nadie pasa dos veces por el mismo tiempo ni la misma calle, entendiéndolo a así como van sucediéndose las cosas. Todo pasa, igual que cientos de regidores, sin pena pero con la satisfacción de haber estado quién sabe dónde ni para qué.
El hecho inminente de que medio mundo quiera ya de perdida ser Regidor denota ni más ni menos desconocimiento del mal tratado paquete.
Es una tarea que, de acuerdo a reglas comunes, debiera conocerse por anticipado. Conocimiento que a nadie se pide y de ahí el diluvio y el naufragio en la vida municipal.
La cosa está que arde y el fuego puede alcanzar, ya vemos, también a los regidores; pero el fuego es lento, no quema y, por si fuera poco o mucho, da tiempo de evadirlo. No será la primera ni la última vez, pavonean.
Lo cierto es que la sociedad entra muy poco en ese juego. La sociedad va al extremo de la indiferencia para mal de ella misma. Caso contrario, desde estos tiempos de tanto movimiento preelectoral, se haría sentir el sí o el no según el aspirante que asomara la cabeza.
Pero como los aspirantes son a su vez parte de la indiferencia, tienen por sabido que entrarán de cabeza y saldrán con cabeza, sin pena, gloria aparte y amen.
¿Entenderán aspirantes a regidores qué es el municipio? ¿Cuál su situación actual como consecuencia de constante desacato a su propia Ley Orgánica? ¿Habrá alguno de ellos hecho hincapié en lo que realmente significa que “La función primordial del municipio es permitir el gobierno democrático para el constante mejoramiento económico, social y cultural de sus habitantes, mediante la prestación de los servicios públicos?”
¡Acaso! ¿O será mucho pedir a los regidores? Por el contrario, será el mínimo reclamo, pequeña demanda con los dientes apretados de la población, ante el descuido en que ellos han incurrido, contra reglas elementales de gobierno, sin ninguna preocupación sino la de seguir buscando acomodo en candidaturas a como dé lugar una vez dejado el cargo.
Mientras tanto, en el ir y venir de las campañas ya veremos la carta real de presentación de cada presunto regidor cuando, sin lugar a dudas, el uno de julio, el voto, como siempre, nos dejará boquiabiertos cruzado de brazos en sendas boletas que parecen enmudecer.