10/06/201903:51:51

Libertad, sentir, pensar

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

10/06/201903:51:51

La libertad en principio es un sentimiento del hombre, para sí mismo pero dentro del contenido social. Sentimiento sin contenido personal se acartona y pierde vitalidad.
El hecho de sentir la libertad en carne y cabeza propias resulta muy natural, tanto en el infante como el adulto, sin que ello nos baste para asimilar de buenas a primeras las dimensiones de ese sentimiento.
Tan nuestra la sentimos que, egoístamente, en cualquier momento hacemos de ella y con ella lo que con frecuencia tiende a reducirla.
A cualquiera se le antoja gritar a los cuatro puntos: soy libre; tan sencillo por así sentirlo para sus adentros, como si afirmase que las calles, las carreteras y demás espacios privados y públicos con libres.
Pero el niño deja de serlo de año en año. Toca las puertas resbalosas de la adolescencia que parecen abrírsele de par en par para hacer de su liberad lo que le plazca. Llega al tramo encantador de la juventud, solo y acompañado de su libertad. Se vuelve padre de familia. Ya es adulto y ve aproximarse a los días más cortos pero de problemas más largos, los de la vejez.
Dentro de cada etapa, el sentimiento va pero escasamente aparejado al crecimiento que supone cada etapa de la vida con el correr de los años, no suficiente para entender ese valor natural que es la libertad y menos tratando de robustecerla por vías razonables.
Alcanzará un momento que todos tenemos aún de cuando en cuando, en que además de sentirla hagamos el ejercicio de pensar en ella seriamente.
Y cuando pensamos, fuera de tiempo, es muy poco lo que podemos recuperar.
Vienen los reproches internos que consciente y subconsciente nos reclaman por qué el sentimiento de la libertad, natural, no aprendimos a aparejarlo pensando sobre ella para integrarla a nuestras existencia con mayor provecho para nosotros, la familia y la comunidad cada ciclo de la vida.
Qué distinto hubiera sido sentir, pensar y expresar la libertad; dado que este necesario valor sin sentimientos será como materia inerte. Pero si lo hubiésemos agregado pensamientos, la habríamos consolidado al punto de expresarla en la vida diaria y sin faltar a las reglas de cada tiempo y lugar, siempre cambiantes.
Así es como, entre sentimientos y pensamientos tenemos que caer en el garlito de aceptar y todavía celebrar El día de la Libertad de Expresión, en México desde el sexenio de Miguel Alemán.
Y qué corto nos quedamos entonces por la sencilla razón de no haber dado a la libertad que llevamos intrínseca el uso regulado que sólo la razón nos tasa en la vida diaria, todos los días, respetando la identidad y forma de ser de cada cual.
Al grado que pensamos que quienes conceden la libertad son gobernantes y leyes, cuando la verdad es que los primeros deben nada más reconocerla diariamente y las leyes señalar los límites que no son más que la libertad de otro ser humano.
La libertad, así como la hemos cargado, de mala gana, no tiene qué transformarse ni antes ni ahora mismo; ha sí de revisarse de momento a momento, para ejercerla siempre con sentido de responsabilidad. Ni más ni menos. No como liberalidad de gobernantes sino a manera de patrimonio muy personal de gobernados.
Pero qué difícil es sentirla y pensarla y expresarla al mismo tiempo y de momento a momento. Qué comprometido.