13/08/201902:44:38

Malacrianza social

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

13/08/201902:44:38

Entre ratos, a regañadientes formamos parte de esta sociedad que, cuando no por una cosa es por otra, se viene manifestando cada día más en perjuicio de sí misma, del gobierno a todos sus niveles y de una mayoría que maldice por encontrar bloqueos desesperantes.

Las inconformidades, una por una, son dignas de tomarse en cuenta, pronto; no así tanto como para que un grupo determinado de individuos –falta que digamos individuas- las exprese sin hacer hincapié en el daño que pueda estar haciendo en daño de los demás.

El conjunto social necesita, en todos sentidos, por su seguridad y sea cualquiera el número de sus miembros, cumplir reglas; si bien en determinados actos no se esté de acuerdo en acatar ciertas disposiciones legales.
Disposiciones que nadie, por lo común, conoce, pero ante las cuales es de costumbre no sólo manifestarse sino obstruir el paso y la fluidez de algunos servicios.
Está al alcance del menos avispado, que las cosas que van a nuestra medida, las practicamos al pie de la letra y de mejor grado.
Aquellas otras, no pocas, que no cuadran, implican resistencia de momento a momento que no deben de extrañar a ninguna autoridad.
De eso a que diez o cien gentes bloqueen la calle, la carretera o cierren la escuela o la oficina, impulsados por malacrianza, causa más daños que el reclamo causante de tales reacciones.
De eso y ante eso, tan frecuente, ya hay grupos en la comunidad enfrentado con piedras y palos a las autoridades en actitud provocativa de medir fuerzas.
Veamos entonces escenarios.
Número uno, el de aquellos que hacen lo que se les antoja para siempre salirse con la suya.
Número dos, el de las mayorías irritadas con toda razón por el mal inmediato recibido.
Y, tres, el papel de autoridades que, en el acto concreto, llevan más las de perder que de ganar, acotadas por protocolos que, de hecho, restan toda oportunidad y eficacia a su proceder.
Tales escenarios están ocupados por hechos que ameritan analizarse para actuar en consecuencia, en todo momento respetando normas y reconociendo que una es la actitud de los transgresores, otra la de quienes, cientos, reciben la provocación y no menos digno para tomarse en cuenta el papel necesario y preciso de la autoridad.
En ninguno de los escenarios cabría la satisfacción si no se fincan responsabilidades.
Compartir los escenarios tendrá que ver con la tolerancia de cada parte, pero ya no con la apatía ni menos reacciones que nos hacen padecer de una malacrianza social ante otro grupo que no aguanta y de la autoridad que deja hacer y deja pasar en menoscabo inmediato de ella misma y de cada acontecimiento.