13/08/201800:00:55

Mejor a tiempo

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

13/08/201800:00:55

Nada va a ser de pronto muy diferente de cómo ha sido, hay qué repetirlo, pero las cosas podrán ir cambiando poco a poco a partir de que la persona elegida deje de actuar como candidato, trague saliva ante quienes lo atosigan día y noche, entienda a quienes esperan ser llamados y no menos a sujetos que salgan con la muletilla de haber sido requeridos. “Si, el hombre me mandó invitar…” Saber esperar no es tan simple que se diga, de una u otra parte. Ni para aspirantes, candidatos, elegidos y ciudadanos.
El voto del día uno de julio tiene que asimilarse para que a mediano plazo, dentro del dos mil diecinueve, compartamos los primeros frutos del cambio. Asimilarse, si, como la buena lectura de que dijeron Jaime Luciano Balmes y la fábula de Concepción Arenal: No nutre lo que se come, sino lo que se digiere. Atragantarse de glorias anticipadas sería lo peor que nos pudiera pasar.
El voto deberá tenerse a la mano, en la mente, día a día, como advertencia de que un número sin precedente de ciudadanos prefirió confiar en la manifestación pacífica, multitudinaria, de sus probadas inconformidades y no en otra revolución sangrienta.
La voluntad popular millonaria no dejó lugar a dudas. La mesa no estaba puesta. La puso el voto y esperamos los ciudadanos que ésta sea atendida en todo momento por buen número de elegidos, no vayan a salir algunos con que ganaron sólo por su linda cara.
Esto pues no es poco y es lo que deben valorar profundamente y a tiempo quienes sorprendidos o no resultaron triunfadores el día de la elección. Quien se porte engañado por no hacer la diferencia podrá engañarnos los primeros meses, no así el resto del año.
Lo que se veía venir, finalmente se dio pero, ese final es el principio no la solución total ni repentina de desencantos acumulados.
Insisto: fue el grueso aviso consumado en los mejores términos y ante el que, por su magnitud, no caben triunfales locuras ni titubeos. Luego entonces, presidentes municipales, diputados, senadores y Presidente de la República, tienen el deber de actuar no a la fuerza sino apegados a razones de tiempo.
Andrés Manuel López Obrador, a quien conozco por medios de comunicación, algunos antes remilgosos y ahora mismo melosos, está demostrando el porqué de tomar la delantera en varios temas de interés nacional concentrados en dos enfermedades nacionales: impunidad y corrupción. Dichas esperemos no hasta el cansancio.
Pero, entre todos los temas, hay uno que propone garantizar el trabajo nacional en equipo, es decir no de un solo hombre, tradicional, de caminar a trancos y locuaz hasta más no poder.
Antes de ese tema inédito en campañas políticas, resulta hasta de humor negro recordar que, hecha la designación del candidato a la Presidencia de la República y hará pocos sexenios de la elección, al ungido parecía haberle nacido alas como por encanto en los pies, qué digo en todo el cuerpo: volaba más que caminar o correr. Sin embargo, a nuestro paisano por quien votó tanta gente –algunos dicen “votamos”- no le ha cambiado ni el modo de hablar y, sin supuesto, tampoco le han salido aletas. Se le ve contundente. Lleva, una vez ganada la elección, los mismos pasos, aparentemente despaciosos pero constantes. Esto, sin embargo, no deja de tener, por la otra característica, el mayor atractivo para más del 60 por ciento de los mexicanos.
Pero el tema que garantiza la diferencia entre ser del equipo y encabezarlo, consiste en que el entonces candidato a la Presidencia vino anunciando, desde la campaña, el nombre de algunos de sus componentes. Ser es pertenecer, sujeto a instrucciones como ridículamente se estila decir. Encabezar es dirigir. Ahí la diferencia. El estilo de que hiciera juicioso análisis don Daniel Cosío Villegas. Al salir nombres tienen que someterse al escrutinio social, ahora más penetrante que otros tiempos. Es el primer dato para ver sobre qué bases humanas habrá de arrancar el próximo gobierno.
El equipo seguirá dando nota de qué hablar en demasía.
Con toda seguridad, algunos anduvieron codo con codo al lado del nuevo Presidente. Otros menos. Los más andarán buscando y buscando como es entendible no siempre razonable y podría ser que de pronto les llegara la noticia, otros quedarán con el desencanto que es natural, por no haber alcanzado nada, en la costumbre de integrarse al sector público ultimadamente en lo que caiga.
Pero de este tema, el de encabezar el equipo de gobierno, hay mucho qué hablar, si lo bajamos a niveles estatales y municipales, porque bien o mal nos caería empezar escuchando los nombres de quiénes arrancarán el cuatro de octubre y el uno de enero, dentro de esta experiencia aleccionadora que tantas motivaciones ha despertado, sobre todo de gran número ciudadanos que no buscan acomodo, chamba, burocracia, sino el bienestar de su comunidad, de su municipio, de su estado.
Será la semana entrante.