29/06/201903:37:20

Migración, crimen, comercio y ausencia de AMLO en Osaka

Mauricio Meschoulam

29/06/201903:37:20

Es cuestión de concepciones, me parece. Si nos concebimos como un país cuyos mayores problemas son propios y locales, entonces podría no ser prioritario dedicar el valioso y escaso tiempo para viajar y encontrarse con líderes extranjeros en foros cuyos resultados son a veces cuestionables. Sin embargo, si comprendemos la naturaleza internacional y transnacional de muchos de los problemas que impactan a nuestras agendas, y asumimos que es imposible resolver esos problemas exclusivamente mediante políticas locales o mediante negociaciones bilaterales, entonces nuestras prioridades podrían reorientarse y nuestra participación activa en la agenda multilateral se convierte en algo esencial.
Pensemos en el crimen organizado. Existen grandes flujos de oferta y demanda de droga, además de otros productos ilícitos, los cuales rebasan las fronteras y que al hacerlo impactan a sociedades enteras, aprovechándose, en efecto, de la corrupción y debilidad estructural de las instituciones locales. En nuestro territorio hay organizaciones criminales que operan en decenas de países, que emplean redes globales de tráfico de armas, que no se entienden sin las redes transnacionales de “lavado” de dinero y que trabajan todos los días para cubrir la gran demanda de drogas que existe en el norte. En otras palabras, lo que sucede con el crimen organizado en otros países importa porque no se trata de “otro” fenómeno, sino de un mismo fenómeno con muy distintos tentáculos.
La cuestión es que ese mismo tema hoy en día se encuentra altamente entretejido con la migración, uno más de esos asuntos que no pueden ser entendidos ni atendidos de manera local. Los movimientos masivos de personas, ya sea porque buscan mejores condiciones económicas para vivir, o bien, porque huyen a causa de la violencia —en nuestro continente directamente vinculada con el crimen organizado en sus muy diversas facetas— afectan a las sociedades expulsoras, a las sociedades receptoras y a los países de tránsito. ¿A quién corresponde resolver entonces el conflicto sirio o el afgano o los que existen en África? ¿De qué país es el problema del crimen organizado? ¿Que cada nación resuelva sus asuntos de manera separada y priorice sus muy específicas agendas? ¿O en qué punto todas nuestras agendas se cruzan y entretejen?
Consideremos ahora el otro tema que Trump nos hizo favor de ligar a los anteriores, el comercio internacional. La Casa Blanca está implementando una estrategia que no es exclusiva a sus relaciones con México. Para ese presidente es posible invocar poderes de emergencia, o argumentar peligros a la seguridad nacional con tal de violar los acuerdos internacionales, desconocer a los foros multilaterales o golpear al sistema de organizaciones internacionales que tantos años nos ha costado construir, a fin de imponer aranceles sin ton ni son.
Por lo tanto, debido a los riesgos inmediatos que el tema comercial representa para nuestra propia economía, y debido a cómo este tema se está entretejiendo con otros problemas globales como la migración y el crimen organizado que también nos son prioritarios, el involucramiento activo de México al máximo nivel para interactuar con sus pares y demostrar que nos importa el sistema internacional, y que debemos colaborar para trabajar en respuestas globales para retos globales, fortaleciendo las leyes y las instituciones internacionales en tiempos en los que están siendo atacadas e ignoradas, es tan relevante como cualquier medida que decidamos implementar a nivel interno.