01/12/201923:23:03

“No estamos jugando”

Guillermo Hübner Díaz Guayabera Política

Guayabera Política

01/12/201923:23:03

En un régimen que se deja atrás y se transforma con Andrés Manuel en la Presidencia, en el que el poderoso hacía cuanto quería sin control alguno, pasando por arriba o por abajo de la Constituciòn, se pensaba que quien mandaba tenía a las mayorìas de su lado, pero nunca fue así, al menos por voluntad ciudadana, el poderoso usó siempre mil recursos a través de su partido y otras organizaciones, para imponer políticas que muchas veces fueron veneno puro para la población.

Más, los beneficiarios de tal estado de cosas, en su pecado llevaban la penitencia y nunca fue tarde para que las mayorìas a las que nunca atendieron con responsabilidad y compromiso, los borraran con su voto en las urnas y frenaran sus intereses de perpetuarse en el poder, mayorìas desatendidas hasta con crueldad, que durante años han llevado el peso del país sobre sus hombros.
Pero alguien supo desde temprana edad todo esto y comenzó a inconformarse y a decidirse a denunciar, primero, y a organizar, después, a los más necesitados y marginados, y empezó a formarse y moverse una ola que con el tiempo creció, creció y creció hasta ser un fenómeno social y político sin antecedentes en el país, aceptado en diversas y prósperas naciones del mundo, como un signo del alumbramiento de nuevos tiempos para gobernar y sacar adelante a millones de seres humanos abandonados, abusados por gobernantes inmorales que asaltaban el poder para enriquecerse, no hay que salir de Tabasco para asegurarlo.
Años de lucha, de agresiones personales, de vejaciones, insultos y descalificaciones –algunos de quienes gobiernan fueron fuente y agentes ejecutores de ellas-, llevaron a Andrés Manuel a convertirse en un factor de regulación política, de cambio, de renovación, de reforma, desafiando incluso a quienes le ofrecieron enriquecerse desde un cargo público, sus convicciones lo mantuvieron alejado de esas corrientes rebajadoras que sumieron a México en un caos que se pensó no se superaría nunca.
Problemas pequeños y grandes, sencillos y complicados, difíciles de resolver, encontró Andrés Manuel en el camino recorrido desde la delegación del Instituto Nacional Indigenistas en Nacajuca, en tiempos del gobernador Leandro Rovirosa Wade, hasta la Primera magistratura del país.
Ello, pasando por la dirigencia del PRI, un cargo ejecutivo en el INCO, su participación en el FDN, la fundación del PRD junto a Cuauhtémoc Cárdenas, Ifigenia Martínez, Porfirio Muñoz, Rodolfo González Guevara y otros, hasta llegar a MORENA, el movimiento que convirtió en partido con base en la razón que lo catapultó a todos los rincones del planeta.
Pero todo, amable lector, al lado de las mayorìas, nunca alejado de sus carencias, intereses y anhelos de alcanzar mejores niveles de vida, siempre apoyado por esa fuerza que dan los legítimos reclamos de los grandes sectores de la población.
Su salida del CDE del PRI en la segunda mitad de 1983, seguido por 42 dirigentes, excepto por el desaparecido líder Héctor Argûello que fungía como secretario de Acción Social, acontecimiento que se registró cuando el PRI ganaba adeptos y fuerza, fue el detonante para emprender con absoluta decisión una caminata por todos los rincones de México, haciéndole saber a los desposeídos que todo podría superarse mediante la unión del pueblo , codo con codo, hasta alcanzar la victoria, obtenida abrumadoramente el año pasado.
México, con Andrés Manuel al frente, muestra otro rostro, el de la igualdad, la justicia, la democracia y la fidelidad a las instituciones. El rostro en el que no asoma la corrupción, la simulación y el engaño.
El régimen neoliberal que cercenó la democracia y el régimen constitucional mexicano durante 36 años, llega a su fin. Se va a su sepelio y al frente de la carroza marchan de millones de compatriotas convencidos y decididos a no dejarse arrebatar el triunfo ni a dejar la puerta del poder abierta para que vuelvan a penetrar los traidores. México será, pronto, una república mundialmente ejemplar por los grandes cambios que se operan y por la forma, tomado de la mano del pueblo, de las mayorìas, de hacer gobierno.
El Presidente pidió ayer un año para que la Cuarta Transformación se exprese ante el mundo con bases consolidados, imposibles de romper por quienes deseasen volver a sus ejercicios habituales de rapiña. “No estamos jugando”, dijo Andrés Manuel. Hay que creerle.