03/06/201901:52:36

Palabras más caras

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

03/06/201901:52:36

El uso y abuso de ciertas y determinadas palabras, las ha hecho venir a menos, dado que, conservando su forma, faltan día a día a su contenido y quedan como esqueletos “apalancados” por malas costumbres.
Palabras más caras o máscaras que dijera el impar mexicano Octavio Paz, en El Laberinto de la Soledad y otros ensayos excelentes. Pero como los ejemplos ilustran, atenidos al texto de Lógica del maestro Eusebio Castro, ocurramos a ellos.
Ejemplos: burocracia, sindicato, regidor, plurinominal, y ahí paramos para no extender la lista.
Burocracia es un derivado de burócrata. Aquélla y ésta ocupan un cargo en el cuerpo de la administración pública. Tenemos que admitir que desde el de abajo hasta el de arriba. Suponiendo también que la importancia de cada trabajo se la da el trabajador, por sus habilidades y entrega.
Lo malo nace y crece cuando el trabajador no rinde. Hace las cosas o no las hace. Se duerme parado. Bosteza en lugar de hablar. Y, por si fuera poco, va engordando de forma tan desproporcionada, que la fuente, el patrón, se debilitan cada ciclo de gobierno. Insistamos, pues, que todavía el trienio de 1986-88, en el presupuesto de cada municipio de Tabasco, vigilado por el talento que fue y es Mauricio Merino Huerta, el gasto corriente, dedicado entre otros rubros a la burocracia, no rebasaba el 35 por ciento, y el de inversión el 65 por ciento para que la obra pública generara a su vez más trabajo.
El sueño fue aparentemente contradictorio: tanto dinero y no inventar empleos en el gobierno. En buena hora. Don Enrique González Pedrero, adusto y sin gastar palabras, estuvo muy pendiente, personal, a veces con su puro, cada evaluación trimestral en que el más pintado pudo salir cachureco.
¿Y qué con la palabra burocracia? Que engrosó fuera de toda medida y control, hasta llegar a estas alturas casi como si fuese un problema de salud pública, para llamar así al estado de cosas que agobian, entre otros niveles, la obesa vida oficial.
Otra palabra. Otra. Sindicato. Vaya que si en su espíritu lleva la fama y lo mejor del ser humano que consiste en crear protección para el trabajo y el trabajador, relacionados al patrón; pero en su cuerpo, fuera de control, no sólo vino al vacío; (re)constituyéndose por quítame allá estas pajas, al extremo de que, a estas alturas, los sindicatos, que son muchos, si gozan de cabal salud es en contra de la salud de la administración pública. Esto es que la palabra ha sufrido una degradación en la que no se sabe quién es el patrón, quien el trabador y qué la figura romántica del sindicato a veces dueño y heredero de plazas habidas y por haber.
Otra palabra, regidor, común, corriente. Qué chasco. Cuando se tuvo más dinero que ahora hubo menos regidores y no cobraban, salvo el Presidente Municipal y el Síndico. Este ahora, que es de muchos años para acá, en su número es insultante, desintegra paradójicamente al Ayuntamiento y todos cobran; y si no se les paga pueden demandar, como ha pasado, al Municipio, con todas las de ganar “prestaciones” hasta sentar vergonzantes arreglos. Feliz propuesta del Ejecutivo de reducirlos, máximo a cinco, que significará varios millones de pesos ahorrado para las cajas municipales.
Y para cerrar el comentario, queda en manos de cada quien la última palabra, que por cierto no es la última. Me refiero al vocablo plurinominal. Suena muy incluyente, eso sí. Entraña que por ella, plurinominal, caben todas las voces por vía desde luego de los Partidos Políticos, si bien en la realidad gozan de un rechazo social que no aguantaría la menor consulta ciudadana.
Y no es que las palabras sean malas en sí –burocracia, sindicato, regidor, plurinominal-. No y no. Es el uso y abuso que se les da siempre en perjuicio de su contenido. Significante en contra de significado. Palabras más caras o máscaras a la mexicana.
Esperamos que, otro ejemplo, con la no intermediación en la Refinería de Dos Bocas, por lo menos las palabras burocracia y sindicato no sigan contaminando… o contaminen lo menos posible.