10/08/202000:36:24

Palabras de una madre a su hija muerta de covid

Julio Díaz Gómez Columnista

Columnista

10/08/202000:36:24

CARTA A LUCÍA
Hoy es el primer día que salgo a caminar sola a esta hora. Sabes Lucía, nunca había pensado como sería la ciudad sin ti.
Ni en los más extraños pensamientos pensé te irías antes que yo... ¡que tonta! pensé en la línea natural del tiempo, donde los padres mueren primero que los hijos… como si las cosas deban ser como uno siempre se lo imaginó
Salí a caminar como tanto te gustaba, los sábado muy temprano, comprar un café y sentarnos a ver a las primeras personas pasar, aprovechando lo cerca que vivíamos de esta hermosa avenida.
Te gustaba ver a la gente que apresurada caminaba a sus trabajos o los primeros que salían a correr. Me hacías historias sobre como sería su vida y tratabas de adivinar en qué zona de la ciudad vivía
Los primeros días que te fuiste lloré, lloré, lloré, pensé no iba a poder con este  vacío más grande que mi cuerpo, con este dolor que me desgarraba todo el cuerpo pero conforme pasaron los días y al ver malas noticias, creo que Dios tuvo mejores planes para ti.
Si estuvieras a mi lado ya no serías tú. Ya no podrías salir con tus amigas, ni ir a la escuela, al gimnasio, abrazar a tu abuela y mucho menos ir al cine.
Sabes, la última vez que fui a ver a tu abuela nos separaban como diez metros de jardín; desde el portón le grité que le llevaba el mandado en una bolsa y en la otra el pastel que tanto le gusta. A gritos le dije que al retirarme las tomara, las rociara de spray desinfectante y que cada producto que llevaba lo lavará en la parte de afuera, antes de entrar a casa.
Ella quiso acercarse y con la mano le indique que no, que si salimos de esta ya habrá tiempo de abrazarnos nuevamente y recordé lo mucho que te encantaba apapacharla.
No sé si esto sería vida para ti. Las autoridades hablan de que controlaron la curva de la epidemia, a pesar de que cada día aumenta el número de contagios y muertes. Creen que sólo haciendo un conteo ¡y además falso! las cosas se resolverán milagrosamente.
Se me ocurre grabarme en mi teléfono celular para más adelante, si logró líbrame de esta, recordar lo que hacía las primeras semanas sin ti.
Hola María, ja ja ja que loco, nadie verá este vídeo sólo es para hacer lo que hubieras hecho en mi lugar, con la diferencia que no pretendo hacerlo público y que yo leeré una carta que empecé a escribir anoche..
Pues aquí estoy Lucía, grabando las primeras semanas sin ti, sin trabajo, sin amigos, sin a quién ir a visitar y mucho menos a quien abrazar.
Prácticamente nadie pudo despedirse de ti. Cuando me entregaron la urna, donde estaban tus cenizas, recuerdo que la abracé con tanta fuerza que hasta me lastimé.
Dicen que los mexicanos estamos muy familiarizados con la muerte, que nos encanta celebrarla y hasta que nos burlamos de ella pero cuando te toca tan cercana no hay nada que puedo calmar el dolor, la angustia… la desolación.
Sabes, está muy cabrón morir en época de covid, en medio de una cuarentena, en medio de una pandemia. Sin poderse despedir ¡como Dios manda!
No sé que voy a hacer. Por primera vez en mi vida no sé qué voy a hacer. Está muy cabrón. Todo se me hace tan lento. La vida parece en cámara lenta y no sabes si realmente te gustará conocer el futuro.
La vida como que no tiene sentido. Bien que la libraste. Fíjate, la forma de vida como la conociste ya no existe, ahora hay que seguir protocolos, normas, medidas de higienes que meses atrás nos hubiese parecido una locura.
En el momento en que todos empezamos a ocultar nuestros rostros se fueron las sonrisas. La mayoría finge vivir normalmente, hasta donde las circunstancias lo permiten.
Ahora ir a un supermercado es todo un privilegio y no me refiero únicamente a lo de tener recursos para adquirir lo básico sino por lo que representa ver a demás personas y con el deseo de encontrar a algún conocido.
En términos reales ya llevamos más de cien días de confinamiento, sólo salir a lo básico, ya vimos todas las series, leímos todos los libros, revisamos todos los portales o realizamos todos los ejercicios.
La vida va perdiendo sentido, no hay certeza del futuro, de los días, semanas o meses que vienen. A estás alturas no sé si vale la pena hacer planes quizás sea una osadía de mi parte. El tiempo se me hace tan lento.
Alguna vez leí una frase de Carlos Monsiváis, y no le entendí, pero ahora me queda tan clara: “Si nadie te garantiza el mañana el hoy se vuelve inmenso”.
Mientras tanto saldré a caminar todas las veces que pueda, en la ciudad que tanto te gustaba y sobre el asfalto que más almas solitarias sostiene.
Carta ficticia basada en muchas historias reales.