12/02/201805:00:35

Poder sin poder

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

12/02/201805:00:35

Veredas, encrucijadas y caminos están poblados de lugares comunes sobre poco más o menos, por la actitud versátil de quienes los transitan a como Dios les da a entender. Cuando la conveniencia va por delante, los valores humanos van por atrás y el equilibrio pierde estabilidad de calle.
Primero es la persona, a eso hemos llegado, venga de donde venga, y luego es el Partido, muy propio, que finalmente sirve como punta de lanza, salvando excepciones.
Candidaturas, como becas por costumbre y rutina, todo mundo las pide creyendo merecerlas, y a veces se (ma)logran sin que, por lo mismo, acrediten el menor rendimiento.
Quien las busca no se sorprende: que una regiduría es mejor al suspenso tirándole a la nada. Tampoco sirve de sorpresa a la población, de cuyo sentir hacen las encuestas, en un santiamén, la verdad instantánea, sin medir la incertidumbre de eventos y días venideros.
Que por qué se está en un partido hasta hace pocos días, luego en otro u otros, por lo visto, es un hecho creciente, indeterminado, que sentará bases para analizar tales comportamientos a partir de ese mínimo de ética que tiene por supuesto cada estatuto. El hecho mismo, a tanto darse, tiene que traer consecuencias.
Las ideas, ¿cómo llamarles?, andan en busca de(re)acomodo que pueden hallar exploradores de espacio de distinta dimensión, si es que las ideas andan y tienen cabeza, tronco y extremidades.
El caso es buscar el poder, a como caiga, por el partido que ofrezca la oportunidad y que a la sazón éste vea en el candidato acercamiento de triunfo, si bien o mal en algunos temas la candidatura resulta no más que por taparle el ojo al macho, que dijeran en mi ranchería.
El qué dirán tiene lenguas largas pero oídos cortos, y ultimadamente aspira al punto final sin importar un comino.
La gente observa en qué partido aparece el candidato y el morbo sin embargo no se hace esperar, aunque por encima del hombro estemos ensalmados con hojas de albahaca y yerba buena y curados de (es)pasmo y ventarrones.
Al ancho terreno de la política ha faltado mantenimiento y por ende fertilidad humana.
Como quiera, las ansias de poder desbordan a diestro y siniestro.
En abono o perjuicio de la democracia en su más amplio alcance, cualquiera siente que va al poder con el poder y le entra al toro sin capote e ignorante de las reglas por acatar.
Qué poder tendrá el poder que atrae tanto y a tantos inconsecuentes!
Es un sentimiento con palabras sobradas que afloran a todas luces y a todas sombras, aún en la penumbra del apuro por alcanzar terreno y sostenerse en él con los cinco sentidos asesorados por el sentido común.
Qué propuestas tendrán, por ejemplo, los candidatos a presidentes municipales. Nadie sabe. Ellos tampoco, ante la magnitud de la empresa. Si, de la empresa.
Qué habrá en la mente de cada uno de los numerosos regidores. Menos. Nadie sabe tampoco.
Cuántos aspirantes tendrán el pulso de las verdaderas condiciones en que habrán de recibir a un personal obeso e improductivo, demandantes millonarios a cuyo desacato, ya se ve, podrían perder el cargo, su libertad y patrimonio propio.
¿Podrá más la emoción de estos días que la intranquilidad de fines de diciembre de este año y los meses de casi tres años siguientes?
No será la primera vez que lo que por unos días se vivió entre pitos y tamborileros luego termine de la manera más impensada, en perjuicio de la persona y la propia familia, y ni hablar de la comunidad desconcertada del diario y máxime en época de campañas políticas.
Al interés de cada candidato carga el desinterés evidente de cada ciudadano. Es evidente. Verdad de Perogrullo.
Qué replanteamiento de acciones y espera a la desintegrada vida municipal. ¿De cuántos trienios para acá viene el mal? Hasta la pregunta es necia.
Quizá muy contados entiendan la caja de Pandora que guarda el poder a la hora de montarlo y conducirlo.
Y el quizá tiene fundamento, debe insistirse, en los periodos de gobierno municipal precedentes cuando, con independencia de partidos y a causa de la misma indiferencia de estos, cada Ayuntamiento, encabezado por el Alcalde, o hace lo que quiere o de plano se echa de barriga, dentro de una confusión alarmante que va llegando a su límite.
Porque, con razón, no dejará de sentirse y con frecuencia escuchar en razonable lenguaje coloquial: Éste lo está haciendo peor…y pensar que estábamos en la creencia de que después del Alcalde saliente ya no habría peor cosa. Sí, cosa.
En esa tesitura, perdón, se ha venido ejecutando el poder sin el poder; es decir, sin saber de sus reglas, su contenido y, por añadidura, de que es obligatorio desempeñarlo a carta cabal.