16/04/201800:00:59

Por la fuerza

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

16/04/201800:00:59

Por la fuerza, ni zapatos ni candidatos. Sin embargo, el ejemplo trillado sigue escarbando…a ver qué lombriz sale de pronto… ¿Me explico? A ver.Hay personas que se vuelven obsesivas hasta la locura por la pesca de una colocación.
Quieren, por la fuerza, aparecer en alguna boleta a la cabeza pero si no fuera, en la cola o en medio. El lugar, al fin y al cabo, de momento importa un bledo.
Sufren o gozan de una terquedad que no debe tomarse a la ligera, pase lo que pase. Entenderlos no es para darles la razón.
Ya se sabe que por regla, a nadie “se busca” y que en lo general, realmente, llegada la edad, todo mundo gana en automático el derecho a buscar encaje electoral.
El voto es noble, generoso y la única condición que pone es la de conquistarlo en buena campaña. Pero la terquedad de aparecer a costa de rempujones y donde caiga, a como dé lugar, lo hace perder valor consigo mismo y frecuentemente en quien comienza por acariciarlo y termina por querer arrebatarlo.
Personas hay para quienes, con poco análisis, a partir de un punto podrían moverse un mundo de oportunidades al menor esfuerzo.
Personas hay para quienes se trata de entrarle al jugo, perdón, al juego, sin morisqueta alguna. Se nos hace que, en ciertos momentos, ya probaron las mieles de la administración pública y sus liberalidades, provocándoles convulsiones adictivas. Y les “supo” tanto que por llegar a ese punto no se darán tiempo de reposo.
Nada de extrañar es que tales personas, después de jalar y estirar, logren el enganche según sus posibilidades económicas y relaciones que van muy de la mano.
Ejemplo. Ejemplo. Entremos en el difícil terreno de la composición de regidurías. Recordemos que encabeza desde luego el primer regidor para iniciar el reacomodo de la planilla. Solicitantes van y vienen. Suben y bajan. Estiran y aparentemente aflojan entre ratos. Pero no todos pueden dar el largo por más que extiendan la cuerda de la planilla.
Hagamos nada más corta memoria de tiempos en que sólo el Alcalde recibía honorarios, allá cuando pocos, casi nadie la buscaba. Lo demás es de presente histórico: está a la vista de hace varios trienios. Vaya, si hasta aspirantes a Delegados Municipales y Comisariados Ejidales hacen campañas, regalan balones, los primeros en pos de una parte de los recursos públicos, los segundos averiguar por qué…
La tarea no va por encimita sobre todo cuando se dan, porque se dan unas veces, las buenas intenciones. Ni negarlo. Pero excepciones no rinden cuentas claras del progreso en el mejor sentido de la palabra.
Al correr de los días, la planilla, después de todo, está en condiciones de llenar formalidades de registro.
Los datos de cada regidor, al corriente, que si fotografías, acta de nacimiento, credencial y lo que sigue…carpetas entre bromas y veras engargoladas, en orden, impecables.
Cuando sobre la marcha,¡pácatelas!, salen piedras en los riñones… Piedras que sobran para mortificar a los miembros de casa y vecinos.
Palo dado, vienen las explicaciones: por acuerdos previos entre partidos políticos, que las alianzas son necesarias y que una y mil entradas y salidas irrevocables.
Aquello pues, con la planilla casi integrada, cae de golpe y el desacomodo mueve por completo a lo que parecía en situación de registro electoral. ¿Por qué no haberlo previsto?
El hecho repentino pega como gancho al hígado. Nada del otro mundo cuanto en política lo que más se tiene es precisamente hígado.Pero aún con sus peros…
Mueve la “cuestión” a todos los presuntos integrantes de la planilla, de la cabeza a los pies. Gente seria y acreditada tiene que ser excluida por la consigna de incluir a uno o dos sujetos desconocidos o de plano impugnados por el sentir de la gente.
Al primer regidor o la primera regidora, ¿así se dice? les llega la presión al cuello y en un momento dado ya no saben hacia dónde virar la cara.
Algunos de ellos, o ellas, Dios, al impulso, tratan de tirar la toalla. Lo han manifestado. Pero, otra vez el pero que aguanta. Que si por el Partido. Que si esto. Que si lo otro. Que si dijiste sí no puedes ahora decir no.
La desmoralización cunde y las apariencias igual que “jejenes” empiezan a (sobre)volar en la ojeras del ambiente.
La presión no es poca. Parte del equipo amaga con retirar su apoyo, en serio. Simpatizantes cercanos opinan que sería tanto como entregar la plaza por adelantado o igual que si la estrategia de otro Partido carcomiera las entrañas del proyecto en marcha.
Las horas son largas. Las noches breves pero interminables.
Con qué cara mirar de frente a la gente cercana. Cómo convencerlos de evitar deserciones.
Por último consuelo, cómo poner en práctica aquello tan viejo de que no hay mal que por bien no venga.
Conclusión: ¿cuántos regidores, en verdad, entraron por la fuerza?
La política, natural y razonable, responde porque no está hecha de silencios: por la fuerza, ni zapatos, ni candidatos…

@Jardelrivero