11/02/201900:00:13

Tabasqueños. Carta a mi mismpo

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

11/02/201900:00:13

No se vaya el santo al cielo…porque se nos hará inalcanzable. Ojo al chícharo. No es sermón de sotana. Es la neta. La ocasión es de momento a momento y no admite hacernos bola ni cuentas regresivas. Tiene rectificaciones pero no segundas partes.
Lo que nos ocurrió vergonzosamente entre 1977 y 2018 no debe repetirse por nada de este Tabasco. Fue casi como tener agua pero contaminada y todavía estar muriendo de sed, por hacer ligera comparación en lo de recibir dineros a manojos, mal aplicados por lo general durante los más períodos cada tres y seis años.
Hemos de cumplir una mayoría de ciudadanos –y ciudadanas, jajaja- para no dejar todo el peso del encargo a un solo hombre.
Un solo hombre no se basta por más que se aplique dieciséis horas diarias, desde que Dios amanece, ni aquí ni allá. Asumamos Mea culpa en nuestra: que en el pasado largo y corto no estuvimos pendientes de nuestros pendientes.
Que por lo común nos hicimos guajes esperando y exigiendo a lo bestia sin dar…al menos las gracias.
Ese pasado no debe olvidarse porque sigue siendo cierto que no hay mal que por bien no venga y nos señala…nos señala el pasado como si nada hubiera pasado y sigamos tan muy quitados de la pena echando pestes al de enfrente, a la autoridad por haber cobrado de cierto la suerte principal.
Cuidado, que con desgana junto que no aportar, nos cargamos más de la cuenta y hacemos de la tarea una mole insoportable.
Que sea todos los días la consigna personal de no tender la mano para pedir sino para dar.
Quienes piden no se cansan de hacerlo y antes al contrario crecen en sentido inverso, dependientes, y reclamando más y más.
Ayudar a quien realmente necesita cumple el fin de compartir del bien.
Ayudar a quien no necesita fomenta el parasitismo individual y social.
Lo sabemos.
Tabasco es la gran persona moral que nos incluye a todos pero de quien, admitamos en honor a la verdad, somos deudores recargados hasta el día de hoy.
Es persona colectiva que nos ha dado con creces lo que cada uno de nosotros le ha negado.
Que nadie se ofenda.
Hemos ofendido a Tabasco por lo menos con nuestra apatía y falta de amor a las raíces.
El orgullo de ser tabasqueños ha devenido en lugar común. Por eso quienes van a Mérida un día vienen a lo tonto con la boca abierta. Que eso si es cuidar la casa y amor a la tierra, dicen.a
Indiferencia que ha crecido a la par que hemos dejado de crecer en todos los espacios desde hace cuatro décadas. ¿Qué fue de los cacaotales? ¿De la llamada organización ganadera? ¿De los copreros?
Amor que adolece de esa definición de tabasqueños dignos de aportarle algo a nuestra tierra. Hay que insistir en ello. Darse por aludido vale con tal de rectificar ya.
Tabasco no pide mucho.
Con poco a poco que demos vamos a estar más conscientes de nuestro papel.
Los resultados no deben hacerse esperar.
Iremos con y por ellos, a la mano, y a conquistarlos como aquél que busca y encuentra.
Si no es ahora, cuándo.
Pero que conste: para empezar, dos mil diecinueve no abarcará de repente hasta dos mil veinticuatro.
Cada año tendrá lo suyo y de éste en particular diremos más que los cinco que vienen por delante.
Durante este año podremos sentar muy buenas bases de los años por venir.
El dinero no es todo cuando hay mala administración. Quién no lo sabe pero cuántos períodos lo han pasado por alto sin pena y con hartazgo de gloria.
El dinero nunca será suficiente cuando a ciencia y paciencia de la población se tira la casa por la ventana.
Creamos en la honestidad que nos recuerda que a cada paso está presente.
Quien no cree en la honestidad ya es de por sí deshonesto. Sea ella como una piedra en el zapato para que cada vez que demos un paso se nos recuerde.
No es un valor utópico.
Se halla la honestidad al servicio de quien esté consciente de ella y de sus bondades.
Debe aplicarse en lo público y en lo privado. Que los dos espacios han caído en la indefinición.
Estar seguros de que el actual Presidente de la República es honesto y como piedra en el zapato de sus detractores.
Sólo que el Presidente, sabemos, es incansable y curtido.
A ver si le aguantan el trote no sólo sus colaborares sino quienes paso a paso descalifican su estilo de encabezar la misteriosa cosa pública.
Pero aquí no se trata de esperar.
Se trata de vivir día a día este año y los años que vienen y de acompañar con la esperanza de que tiempos mejores vengan con la parte que aportemos.
¿Qué me toca? ¿Qué nos toca?
Me toca participar en serio.
Nos toca hacerlo en serio.
Tabasco no está hecho de chistes para todo, de carcajadas ni de lamentos.
Hacerlo y ya.
Sin esperar a brazos caídos el balance del año 2024.
Con poco pero entre muchos las obras no exigirán placas de autocomplacencia.
¿Podemos los tabasqueños?
Claro que sí. Convirtiendo el querer en poder, origen no solo de los votos sino de la misma administración pública. Ni Tabasco ni los tabasqueños que aquí estamos iremos a deslumbrarnos con la barita mágica y el alto riesgo de que meramente se nos vaya el santo al cielo por desatención de cada parte.
La realidad está tocando las puertas. Hay qué abrirlas. Más nos vale. El encierro de la egolatría en el poder y en cada ciudadano a nadie tiene satisfecho.
Espero llegar a ser pronto destinatario de esta carta a mí mismo.