22/04/201900:00:17

Tiempos, hombres

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

22/04/201900:00:17

El hombre, para comunicarse consigo mismo y sus parecidos –usted, yo-vio la necesidad de crearse lenguajes hasta encontrar formas aproximadas que le sirvieran en el tiempo. Qué problema. El mas despistado de hoy entiende lo que significan por decir la palabra tiempo o el vocablo día o días de varia forma. El contenido es muy particular.
•-En qué tiempo llegas.
•-Cuantos días vas a estar.
•-Todo tiene su tiempo (Eclesiastés)
•-Todo tiempo pasado fue mejor (Jorge Manrique)
•-Cada tiempo tiene sus hombres. (Esto, sin apartar las inevitables circunstanciales que rodean al ser humano y de que hace lugar común el filósofo José Ortega y Gasset).
Y así por el estilo, la necesidad de comunicación está sobre poco más o menos a la orden del día, si bien o mal no cumplida. Ahí andamos, no siempre satisfechos con el ritmo propio y qué decir del paso a paso de los demás. Pero andamos, porque nada ni nadie se detiene cuando que la vida es movimiento, y la muerte…merodea al más sano por el único hecho de estar vivo, vale. Los muertos no se mueren. A ver cómo es esto.
Cuando me siento a escribir, los dedos quieren ser más de diez, por pertenecer a la generación que emplea de meñiques a anulares sin ver el teclado. Otra vez. A ver como suena.
Tal vez sea un puñado de digresiones las contenidas líneas arriba. Vienen, no por justificarse, del poder que de hecho ejerce la Semana Santa en lo que haga o no haga cada mexicano, con independencia de su situación económica. Sigo, pues, muy a propósito… Días de quietud, los precedentes; más que otros, jueves, viernes, sábado.
La mayor parte de las familias guardan casa, de buen grado. Otros, pocos, harán rabietas por no irse de paseo, pocos, repito. Tal vez el número de un quince por ciento pueda y pasa esos días en lugares de esparcimiento. Qué bien. Sin embargo, cuentan en gran medida costumbres arraigadas que, generacionalmente, replicamos. Júbilo por quienes buscan el relajamiento y no el relajo. Alegría por y con quienes comparten el silencio y la meditación en casa, en familia. Ya no que la escoba no se pase por ser días tan guardados como los habitantes del hogar, ni que dejemos de bañarnos. Todo según y al grado de cómo se entienda. Que si algunos, por dar vuelo a la hilacha, quedan en el accidente, al exceso de bebidas, comidas y velocidad. Que si otros quedan en casa contrariados por tratar de hacer lo que la economía no les permite.
Los más lo hacen en buen plan y esta Semana Mayor no fue la excepción. (Vi a niños cachando un limón criollo, pasmado, porque la pelotita de hule se les ponchó…pero el juego no lo interrumpieron. A otros, haciendo un “cucharón” de una hoja seca de almendro…Me parece que Gabriel García Márquez jugaba con ellos). Ello no obstante, dijo un funcionario público, con entera seguridad –oh, qué palabra-, quienes pasean no olvidan estos días, por más distractores que compartan. Nada de prejuzgar a nadie. He dicho. No fueron días de hablar mal del próximo, conste. Son, quienes guardan casa, herederos universales de silencio acompañados de silencio expresivos. Silencio del medio urbano y rural, adonde, pese al comportamiento humano, vegetales y animales se hacen presentes y, por las noches, la luna llena pasa las ramas de los árboles más elevados, como dando contenido a las vértebras de cedros deshojados. -Ya no como antes –se comenta en voz queda; pero ello no priva de escuchar a la melancólica chicharra de mayo, casi solitaria, o al par de carricoches a todo pulmón, con su nido de hebras, zacate seco y hasta pedazos de plástico que hay por todos lados. Como quiera, la semana que terminó el otrora conocido como Sábado de Gloria y la chorotiza tabasqueña aquélla con dulces de papaya larga y cocoyol, la semana precedente, pese a todo, conserva creencias y prácticas que acaparan...hasta a los medios dolidos.