05/11/201800:00:40

Transformación

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

05/11/201800:00:40

Mas la forma en sí
misma no se cumple
(José Gorostiza)

La forma y el fondo tienen qué ser como el vaso y el agua. El primero debe contener. El segundo, el agua, debe contenerse del fondo a la parte superior, para no llegar al desbordamiento.
La materia no se crea ni se destruye, sólo se TRANSFORMA: Antoine Laurent Lavoisier. Para la Real Academia Española, transformar significa: Hacer cambiar de forma a alguien o algo.
El laboratorio de la Química es distinto al laboratorio de la Política. Y la Real Academia capta la realidad cuando ya no le queda de otra, para agregarla a su lista.
¿En qué espacio asimilar la TRANSFORMACIÓN hablada y que ya está enviando las primeras señales a México y el mundo?
De nuevo: en principio, partiendo de que nos pongamos alertas y participativos con la mas acordada objetividad. Acuerdos logran posibles, por muy cerreros que puedan darse.
La comprensión es inclusión. Pero que, de veras, ¿algo o alguien resultan de alguna forma ajenos al pueblo? ¿El pueblo es nada más la prole? Sin supuesto que no.
La serie de hechos nos hará entender, a unos y otros, que lo nuevo no tiene por qué rechazar del todo a lo viejo en busca de lo conveniente.
Mal y de malas la seguiríamos pasando si, por ejemplo, en la designación de colaboradores para los distintos niveles de gobierno, incluyendo al municipio, se desechara a personas, entre otros requisitos, por sus años.
No menos de mal estaríamos al decidir que, otro ejemplo, los cargos públicos fuesen ocupados nada más por jóvenes muy bien preparados. La preparación demostrada debe ser requisito básico de todo aquel que ocupe un cargo público.
El equilibro, el equilibrio constante, debe conducirnos a tomar en cuenta el antiguo justo medio.
Aún así, la transformación no será materia ni forma fácil de administrar en los vaivenes de la vida diaria interna y externa. La casa no se basta a sí misma. Necesita de otras casas. Si, también de lo que se llama comunidad internacional.
Esto quiere decir que el Presidente no tomará decisiones solo ni por propia cuenta. Que si el Presidente se acompaña del pueblo tendrá al final que tomar decisiones que incumban al grado de sus responsabilidades y, por añadidura, que no todo habrá de consultarse aun gobernando con las bondades del sentir popular.
Esa amalgama, entre lo viejo y lo nuevo, la relación constante con el pueblo y el momento de decisiones necesarias, tendrá que producirse, pues, con estricto apego a la realidad.
Ello junto, siempre junto, a que quienes no sientan embonar tampoco van a quedarse con los brazos cruzados. Y estos…¿Individuos? ¿Sujetos? ¿Cómo llamarlos sin herir susceptibilidades? Estos señores opondrán, desde la mira de sus intereses, resistencia de mucho peso, meramente.
Sin embargo, embonar con ellos es tan necesario como admitir desde el principio que no sólo con lo nuevo podrá gobernarse en el entendido de no romper principios, en pos de que las aguas no salgan de su cauce natural.
Pero México no es una ínsula, está dicho al riesgo del cansancio por tan escuchado. Toda proporción guardada, a México conviene que sus gobernantes entiendan el trato que ha de darse a quienes se opongan a la transformación anunciada expresamente, sin romper con ellos pase lo que pase. Será el mal menor entre males mayores.
Teniendo por sabido que no somos una isla, deberá navegarse con la bandera de relaciones prudentes y hasta el punto de no poder más.
No tan más allá, a riesgo de digresiones, vale suponer: ¿en qué momento tendría México qué abrir las puertas a inmigrantes venezolanos que no soporten el estilo de gobernar de Nicolás Maduro? Con toda seguridad y sin anunciar empleo temporal para ellos, tendrá a corto plazo, nada de largo plazo, qué decidirse entre quedar, como ha sido costumbre en México, quedar bien con el pueblo de Venezuela o con su Presidente.
Y así, de ese tamaño, la transformación tenderá a graduarse sin adjetivos. No precisamente contra viento y manera sino pese a todas las incidencias que se dan en el comportamiento de gran parte de la población, las actitudes de quienes sienten y sigan sintiendo amenazados sus intereses y los vaivenes que habrá de norte a sur y con países ubicados más allá de linderos nacionales.
Pero de que habrá de darse la transformación ni nos quepa la menor duda.
El caso es que las circunstancias inevitables puedan sortearse en su momento con el mayor tino y no a pedradas ni disparos como amenaza el vecino Donald Trump.
¿Por qué, por último, no tomar siempre en cuenta que trasformación tiene que ver y en mucho con el binomio forma y fondo?