11/03/201900:00:32

Transición Energética

Manuel Rodríguez González Análisis

Análisis

11/03/201900:00:32

La política energética puesta en marcha por el jefe del ejecutivo federal, Andrés Manuel López Obrador, tiene un objetivo dual y complementario; es decir, a la par que se orienta a lograr la seguridad y soberanía energética, también se enfoca a lograr una transición energética.
Los ejes de esta transición, están sustentados en el aprovechamiento de las fuentes renovables de energía, como la geotérmica, la eólica y solar; reemplazo de los combustibles fósiles en la generación de electricidad, autogeneración de electricidad con fuentes renovables de energía; cuotas obligatorias de producción y consumo de electricidad verde; y una estrategia de investigación y desarrollo tecnológico.
Las energías limpias, son aquellas fuentes de energía y procesos de generación de electricidad cuyas emisiones o residuos, no rebasen los umbrales establecidos por la normatividad del ramo; entre las cuales se pueden considerar: el viento, la radiación solar, la energía oceánica, yacimientos geotérmicos, las bioenergéticas, la producida por metanos y otros gases productos de una descomposición orgánica, energía proveniente de centrales hidroeléctricas y energía nucleoeléctricas.
El reto y desafío energético en los próximos años, radica en la necesidad de que todas los componentes de la política pública del sector, tanto el programa nacional de electricidad, como el de refinación y exploración y producción de hidrocarburos, estén alineados no solamente en torno a la recuperación y aumento de la producción, sino también en la generación de alternativas de energía limpias.
Para cumplir con este compromiso, una de las estrategias del Programa Nacional de Electricidad, es impulsar las energías renovables a partir de mecanismos que le permitan aprovechar todos los recursos naturales de país en la generación de energía hidráulica, geotérmica, eólica, fotovoltaica y cogeneración con Pemex utilizando el vapor de las refinarías a mínimo costo.
La transición energética vista desde una perspectiva de largo plazo, será una cuestión de sobrevivencia para la humanidad, por dos razones: la primera tiene que ver con la forma en que la economía y la sociedad dependen de los hidrocarburos, una fuente de energía no renovable; y segundo, el cambio climático del planeta provocado por el uso de combustibles fósiles, cuyos efectos pueden ser irreversibles si no se tomas las acciones necesarias con carácter de urgente.
En este sentido, la Ley de Transición Energética ha establecido como meta que el país use cuando menos el 35 por ciento de energía limpias para el año 2024; con lo cual estaremos en condiciones de sumarnos a la consecución del objetivo global del Acuerdo de París sobre el cambio climático, para mantener el incremento global “muy por debajo de los 20 C”, respecto a los niveles pre industriales; y proseguir los esfuerzos para limitar este aumento a 1,5 0C, y evitar consecuencias catastróficas para las naciones más vulnerables.
La transición energética es el eslabón que cierra el círculo virtuoso de la nueva política energética, cuyo paradigma es la recuperación de la seguridad y soberanía energética, con una visión social enfocada a satisfacer las necesidades energéticas de la población, pero también cuidando nuestro planeta.

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