09/04/201800:00:05

Vale la pena

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

09/04/201800:00:05

Agrietar el cuero, tostar la planta de los pies, regalar cuerpo y alma al tiempo completo, sudar la gota gorda, aguantar vara, exponerse al qué dirán: ¡vale la pena!, si después de la candidatura viene el triunfo y empieza la cosecha de frutos cuantiosos.
Jugarse rudo con los de enfrente, dar y recibir, hacerse como el que no me duele aunque por dentro y por fuera la cosa esté que arda, asegurar que el voto será boleto de regreso, estar curado de espanto por reproches acumulados, ¡vale la pena!
Invertir en una estructura electoral con etiqueta de pródiga cuando funciona acaso a medias, salir como traidor de un partido, entrar a otro con los brazos abiertos, regresar al partido de origen y con los laureles del arrepentimiento, sentir en ojos propios el sabor de lágrimas de cocodrilo, sumar medias verdades a medias mentiras para que simulen verdades enteras, ¡vale la pena!
Gastar hasta el último centavo, empeñarse hasta los codos, a lo tonto, ver en “el paquete” la mejor inversión, buscar a toda costa colocarse o ubicar a la familia, hacerse el desentendido ante el llamado insistente de la propia conciencia, ¡vale la pena!
Buscar la música de mayor pegue para acomodarla al nombre, mandarla a circular las veinticuatro horas del día, correr y correr…el riesgo del inevitable morbo social, escudarse en malos ejemplos del pasado y presente, decir que todos los han hecho…¡vale la pena!
Si antes no pudiste ahora puede ser. Si antes fue en otros partidos ahora puede lograrse en éste ahora sí, ir de la mano con la pareja aunque a ojos vista vivan como perros y gatos, obsesionarse hasta lo increíble por cualquier posición que sirva de canal para otras cosillas, vender el alma al diablo porque en estos momentos Dios no es cuenta votos…¡vale la pena!
La publicidad millonaria, por el millonario número de promocionales, cobrada segundo a segundo,sin darse punto de reposo; radio y televisión llevan la delantera, la gente como que oye pero no atiende; para los abstencionistas, también por número millonario, no aparece en especial una llamada convincente que los haga cambiar de actitud o de juicio, la opinión pública hecha añicos, ¡vale la pena!
La mejor fotografía, el mejor perfil, el mejor trasero, la ropa especial ligera pero que permita subir, bajar, desplazarse, el licuado sudoroso de apapachos, visitar a los enfermos con la esperanza de que no expiren antes del voto o por influir en intenciones familiares, dormir poco y eso entre sobresaltos, comer menos, bajar de peso…!vale la pena!
La democracia es una dama de buenos modales, antigua pero no en artículo de muerte, ni virginal. Ella misma lucha desde su nacimiento por enseñar a sus destinatarios la necesidad de educarse para ir llevando la fiesta con mayor productividad. La educación suele no “asuntarla”. Es verdad. Se antoja tan natural que la parte social se hace de la vista gorda. Y, pese a ello, la democracia es genio y figura común que tiende a renovarse como una oferta para que no nos lleve al tren o a lo que últimamente advierte el activista y poeta Javier Sicilia por falta de un pacto que deben desde ahora encabezar todos los candidatos: única salida ante tantos dislates cometidos por los depositarios del poder y el pueblo mismo. Pero, ¡vale la pena!
Que se confunda a la democracia a “eventual” (palabra predilecta del Presidente) a eventual ocupación de desocupados no sólo constituye una antítesis sino una paradoja cuando debe ser el quehacer preferente del hombre y la mujer, con perdón de la sintaxis…¡vale la pena!
Que haya escasa participación de gente emprendedora por la bien ganada mala fama de una mayoría de quiénes hoy por hoy le entran a lo que caiga, es tema que no entienden las organizaciones políticas, ni lo van a entender por lo visto y de ello vale la pena remachar al punto sobre las campañas política, para sacar en cuenta que, en la vida diaria, no se busca a tiempo a personas preparadas y así sucede que a última hora éstas puedan con toda razón contestar con un rotundo ¡no!
Sin embargo, vale la pena insistir en las tan viejas reservas con que el Padre de la Filosofía, Sócrates, contempló desde varios siglos antes de Cristo a la democracia: si el pueblo no se educa, su rendimiento no convencerá, como ha pasado una y mil veces aún con sus naturales bondades.
Vale la pena que a los candidatos, desde la plaza, en las calles, el hijo de Sofronisco les recuerde que la democracia si es figura natural pero sostenida a más y mejor por la educación social sin la que va pero lenta, a regañadientes.
Vaya: hasta que Donald Trump despliegue tropas para “amurallar” la frontera, con tal de que los candidatos coincidan, ¡vale la pena! La unidad nacional es primero y tiene que darse más seguido.
Y como todo esto es un juego que nos produce comezón por igual, supongamos a varios candidatos coreando junto a la Banda El Recodo y Cruz Lizárraga: “Vale la pena intentar otra vez/ vale la pena/ Sé que me equivoqué y te lastimé/ Pero perdóname/ Vale la pena intentarlo otra vez/ vale la pena”.