01/12/201923:16:07

Zócalo y corazón

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

01/12/201923:16:07

El Zócalo será corazón de la ciudad de México, pero no de la República mexicana, aunque lo llene una parte, aunque lo colme de gentes otra. Quizás el corazón de El Alquimista, de Paulo Coelho, podría explicarlo mejor.
Hay, para no personalizar, quienes apoyan al Presidente, y otros que lo detestan por sistema, así se dice, incluidos encapuchados que, siendo pocos, harto daño hacen dónde y cuándo quieren.
A nadie, sin embargo, conviene medir fuerzas, por muy estirada a que llegara estar la cuerda; que si ésta rompe nos llegaría al hocico por parejo.
En el escenario estamos, a querer o no, todos los mexicanos, desde distintas posiciones; empezando por quienes estén dispuestos a secundar por lo que usted quiera y mande; luego, la otra parte, con el rechazo a flor de boca. Y para colmo, aquellos ¿hombres, mujeres? que de pronto aparecen en la misma UNAN o cualquier sitio de la ciudad de México, blandiendo garrotes a diestro y siniestro, con la defensa expresa del derecho humano de llevar el rostro cubierto.
Si a estas tres partes, visibles, agregamos la gran mayoría de ciudadanos que oye y mira escándalo tras escándalo, sin apoyar públicamente a una de las posiciones, ya podríamos imaginar de qué lado estarán de seguir así el estado cosas.
Mientras que los extremos de ese triángulo, toda proporción guardada, se miren de soslayo, sin la intención de ocupar el centro del interés nacional. Mientas que desde hogares y restaurantes, las noticias bañadas de escándalo, que suelen darse segundo a segundo, ocupen pláticas y soluciones de cafetines. Mientras que ello siga ocurriendo, nadie estará seguro de que apoyando o rechazando al Presidente o destruyendo cuanto esté a su paso, nadie, ni siquiera aquellos que ven las cosas desde aparente cierta distancia, podrá decir estar aportando elementos mínimos para que la descomposición llegue a fondo y a partir del mismo fondo sepamos si nos ahogamos o salvamos el pellejo.
Y no será nada más desde el Zócalo o El Ángel sino a partir de que posiciones extremas dejen ya de darle vueltas a tanto despropósito y autoridades operen a la medida inmediata del agravio, como empezarán a asentarse hechos para que temas tan vitales, primero que nada el de la seguridad pública, ofrezcan resultados distintos a los precedentes.
Que las marchas han relajado, no desde ahora, el adjetivo de pacíficas, salta a la vista. Luego entonces, actuar por ejemplo de momento en contra de encapuchados violentos, no será mal visto por el grueso de la poblacion, a reserva de investigar sobre la marcha el puño de sus patrocinadores.