Tardó 11 años, pero si los seguidores del conjunto de la Ciudad Esmeralda soñaban con una venganza ideal del Super Bowl XLIX era de esta forma, con una humillante paliza. Esta vez, el trofeo Vince Lombardi descansa en Seattle.
Sólo un equipo se presentó a Santa Clara, esa sensación es la que despertó en los más de 68 mil asistentes la asfixiante defensiva de los Halcones Marinos. La número uno de la NFL en puntos permitidos impuso su ley, no otorgó anotaciones en contra hasta el último cuarto, y se encargó de llevar al infierno a Drake Maye. El joven mariscal de campo de Nueva Inglaterra sufrió seis capturas y tres entregas de balón -una de ellas fue una intercepción-.
Patriots fue el local administrativo, pero el Jugador Número 12 se hizo sentir, llevó el mismo ambiente ensordecedor de Lumen Field a Santa Clara y Seattle se sintió como en casa.
Como el histórico espectáculo de medio tiempo del puertorriqueño Bad Bunny, Seattle hizo honor a su canción y le dio ‘Un Baile Inolvidable’ a los dirigidos por Mike Vrabel, inoperantes al ataque, a pesar de las anotaciones de Mack Hollins y Rhamondre Stevenson.
Cuando el safety de ascendencia mexicana, Julian Love, interceptó a Drake Maye a 8 minutos del final, el partido ya estaba liquidado. Uchenna Nwosu puso el último clavo en el ataúd de Nueva Inglaterra y pintó Santa Clara de azul y esmeralda.
Seattle conquistó su segundo campeonato y ahora, la NFL tiene nuevo rey.
