Rememorar la fiesta
del pueblo,
puede tomarse
por chuscadas y bromas
(así como vamos,
atados,
de pies a cabeza,
por la tecnología).
Los días
del uno al tres de mayo,
eran marcados
en el calendario
por la espera,
impaciente
a cierto grado,
de pequeños y grandes.
Ir al sastre del pueblo
con anticipación,
se unía a los cantares
de chicharras de mayo.
Las mañanitas
en el novenario
de La Natividad,
dentro del templo
majestuoso,
sabían a gloria.
Los caballitos,
sillas voladoras,
el remolino,
rueda de la fortuna,
hacían la ilusión
desde el minuto
de estarlos armando.
Llegaba a ser tanta
la algarabía,
que casi nadie
notaba
quiénes se divertían
mas:
si los niños
que por veinte cobres
podían encaramarse,
o los mas que,
a falta de centavos,
imaginaban
con los ojos…
Pasada la fiesta,
sobre el pasto seco
quedaba tristeza.
Mas la tradición
de abuelos a padres
y de éstos a hijos,
aguardaba ver,
al año siguiente.
la fiesta de mayo,
la fiesta del pueblo.
Cunduacan, Tab. a 28 de abril de 2026
