Ensimismado en celulares.
De libertad
privado ha sido
por apatía
de sus tutores,
quienes, no obstante,
dicen quererlo
de piel a tuétano.
De lugares
y palabras comunes,
está hecho y deshecho
el entorno.
El amor,
que es el niño,
se ha venido mermando
por desapego,
traducido
en vacíos deberes.
A estas horas
en que el infante
yace atrapada
por distractores
artificiales,
patres familias
son, a su vez,
encadenados
al consumismo.
El mundo es el mismo,
pero en el trayecto
de padres a hijos,
el mundo es distante.
Y es que, en efecto,
las fantasías,
puras, de infancia,
vienen a menos
por adicciones
a celulares.
En tanto, padres
delegan deberes
indelegables,
con la aparente
comodidad
de darse a otras
ocupaciones…
¿Cuándo perdemos?
¿Cuánto ganamos?
Que nos responda,
con ironías,
sin disimulo,
la delincuencia
organizada.
Cunduacán,Tab, a 30 de abril de 2026
