Con más de tres décadas de trayectoria, Javier Bardem es uno de los rostros más reconocibles del cine moderno. El actor español ha protagonizado aclamadas producciones como Mar adentro, Sin Lugar para los Débiles o Skyfall. Sin embargo, en el punto más temprano de su estrellato, tomó una decisión insólita: ponerse a servir mesas.
Durante una retrospectiva sobre su trayectoria organizada por la SAG-AFTRA Foundation, Bardem recordó el punto de quiebre que vivió tras el arrollador éxito de Jamón, Jamón en 1992. Los estudios no tardaron en saturarlo con propuestas para encasillarlo en el estereotipo del “macho español”.
Consciente del riesgo que eso implicaba para su crecimiento artístico, decidió frenar por completo y esperar dos años hasta que llegara un proyecto con una propuesta diferente. Así detalló el actor lo que significó atravesar por esta etapa.
“Interpreté este tipo de papeles masculinos de los que estoy muy orgulloso y fueron realmente útiles y adoro, pero vi el camino al que iba por ese lado y dije que no quería eso para mí, así que de alguna manera renuncié. Esperé dos años, comencé a trabajar como camarero“.
“A los actores nos encanta ser meseros, creo que es una gran escuela: conoces a muchísima gente y a personajes extraños que sueñas con interpretar algún día. Esperé dos años hasta que surgió algo diferente”.

