El gobierno de Israel ha puesto en marcha una agresiva estrategia territorial para frenar de tajo la creación de un Estado palestino. Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas de la administración israelí, hizo un llamado abierto a sus ciudadanos para mudarse a la reocupada región de Cisjordania (referida por él como Judea y Samaria), con la meta de alcanzar el millón de colonos en la zona.
La ofensiva territorial ahora cuenta con respaldo financiero. Tras la reciente aprobación en la Knéset de incentivos fiscales dirigidos a 58 asentamientos, el funcionario ultraderechista fue contundente sobre sus intenciones: “Espero que este incentivo nos ayude a traer a un millón de colonos para matar la idea de un Estado palestino”. A través de sus plataformas digitales, Smotrich justificó la medida como un acto de máximo sionismo y una maniobra estratégica para blindar a Israel contra la conformación de lo que calificó como un “Estado terrorista”.
Tragedia infantil y asfixia en la Franja
Esta escalada de tensiones territoriales coincide con una grave denuncia por parte de la resistencia islámica. El grupo Hamas condenó enérgicamente el asesinato en Cisjordania de Sam Fahd Abu Haikal, un bebé palestino de apenas siete meses, a manos del ejército israelí. Para la organización, este hecho evidencia una “mentalidad criminal” y un total desprecio por la vida de su pueblo, por lo que urgieron a la comunidad internacional a presionar a Israel para frenar estas acciones.
A la par de la violencia armada, la Franja de Gaza se ahoga en una crisis de suministros que roza la catástrofe total. A la ya conocida hambruna y falta de medicinas, se suma un desabasto crítico de gasolina, aceite para motores y refacciones. Esta escasez está paralizando por completo la producción de pan y el bombeo de agua potable. La situación es de vida o muerte en los centros de salud: el principal hospital del centro de Gaza ha lanzado una declaratoria de emergencia máxima debido a la inminente falla de sus generadores eléctricos.
El futuro del arsenal y el cese al fuego
En el terreno político, Hamas no tiene intenciones de ceder su capacidad militar. Husam Badran, miembro del buró político del movimiento, aseguró que no entregarán sus armas, aunque abrió la puerta a que el armamento deje de ser “visible” en las calles, cediendo esa exclusividad a la policía oficial palestina. Sin embargo, aclaró que el destino final del arsenal militar dependerá de un consenso profundo con las demás facciones.
Con este panorama de fondo, la diplomacia intenta avanzar en El Cairo. Una delegación de Hamas, encabezada por Jalil al Jaya, arribó a Egipto para sostener jornadas de negociación con mediadores internacionales. El objetivo primordial de estas reuniones es destrabar la primera fase del cese al fuego pactado en octubre de 2025 y establecer los mecanismos que permitan avanzar hacia la segunda etapa del acuerdo en el enclave costero.
Con información de La Jornada
