Washington / Nueva York.- Defensores del Estado de Israel en Estados Unidos han construido durante décadas uno de los lobbies de política exterior más influyentes de la historia de ese país. Sin embargo, hoy enfrentan retos sin precedente a su capacidad de incidencia, de acuerdo con una investigación publicada este mes.
El trabajo de Eli Clifton e Ian Lustick, titulado Israel’s Lobby, analiza el papel central del American Israel Public Affairs Committee (AIPAC), que ha invertido cientos de millones de dólares en procesos electorales estadounidenses para influir en la política hacia Israel.
Uno de los ejemplos más recientes es la primaria al Senado en Míchigan, donde AIPAC ha destinado más de 30 millones de dólares para frenar la candidatura del médico progresista Abdul El-Sayed, respaldado por Bernie Sanders y agrupaciones judías progresistas. El-Sayed ha calificado de genocidio las acciones de Israel en Gaza. En vísperas de la elección, los sondeos lo ubicaban con ventaja.
Los autores recuerdan que el cabildeo a favor de un Estado judío en Medio Oriente existe desde antes de la fundación de Israel en 1948, cuando el presidente Harry Truman decidió reconocerlo pese a la oposición de varios de sus asesores. También documentan cómo intentos de los presidentes Gerald Ford y Jimmy Carter por avanzar en el reconocimiento de derechos palestinos en los años 70 fueron bloqueados por AIPAC y organizaciones afines.
El libro sostiene que el lobby ha operado de manera bipartidista. Señala que el presidente Joe Biden se describió como “sionista” y se resistió a aplicar presión significativa sobre Israel en las primeras etapas de la guerra en Gaza, periodo en el que Estados Unidos continuó siendo el principal proveedor de armamento.
Los autores también analizan el impacto de la derechización de la política israelí en las últimas dos décadas. Mencionan que para 2018 el Parlamento israelí declaró formalmente que solo los judíos tienen derecho a la autodeterminación en su “patria histórica” y eliminó el árabe como idioma oficial.
Ante el debilitamiento del apoyo incondicional en sectores de la opinión pública estadounidense, el lobby respondió con un aumento significativo de recursos. Mientras en el año 2000 AIPAC y sus filiales recaudaban alrededor de 22 millones de dólares anuales, para 2023 esa cifra se acercó a los 120 millones, con un patrimonio superior a los 350 millones de dólares.
Clifton y Lustick —ambos judíos estadounidenses— reconocen que el antisemitismo es un fenómeno real y en crecimiento, pero argumentan que la estrategia de igualar el antisionismo con el antisemitismo ha sido utilizada para neutralizar críticas al gobierno israelí. Esta táctica, señalan, ha perdido efectividad ante las imágenes de la guerra en Gaza y las posturas del actual gobierno en Tel Aviv.
Según los autores, el amplio apoyo a candidaturas críticas de Israel, como la de El-Sayed en Míchigan o la del alcalde de Nueva York que ha expresado su disposición a arrestar a Benjamin Netanyahu, son indicios de que el cheque en blanco que durante décadas recibió Israel entre el electorado estadounidense comienza a resquebrajarse.
Con información de La Jornada
