En un rincón de Cuautitlán Izcalli, a solo 20 minutos de la autopista México-Querétaro, el pueblo de Santa Bárbara ha encontrado una forma peculiar y estratégica de frenar el imparable avance de los Centros de Distribución (Cedis) y complejos inmobiliarios: convertir sus parcelas en canchas de fútbol.
Esta comunidad no busca vender sus tierras ni ceder ante la presión industrial que ha transformado a otros municipios vecinos como Tepotzotlán y Teoloyucan. En su lugar, han apostado por conservar su territorio, su identidad y el medio ambiente a través de la práctica deportiva.
La estrategia: 120 razones para no vender
Para Itzel Ramos Delgado, presidenta del colectivo Xochitla Vive, el proyecto tiene una visión ambiciosa: consolidar a Santa Bárbara como la comunidad con el mayor número de campos de fútbol en el mundo. Actualmente, ya han logrado habilitar 120 canchas empastadas.
Resistencia activa: Los campesinos han optado por transformar sus parcelas en áreas deportivas en lugar de abandonar o vender sus terrenos.
Identidad local: El fútbol se ha convertido en el eje de la identidad del pueblo, fomentando valores como la perseverancia, el respeto por la tierra y la cohesión comunitaria, especialmente en el contexto del Mundial 2026.
Convivencia social: Cada fin de semana, el lugar se convierte en un centro de reunión para familias que buscan disfrutar de espacios abiertos y áreas verdes.
Más que canchas: un pulmón hídrico
La importancia de Santa Bárbara va más allá del deporte. Su ubicación, situada en un desnivel natural frente a la autopista y los municipios cercanos, la convierte en una zona natural de recarga de mantos acuíferos. Al conservar sus tierras libres de concreto, el pueblo permite el flujo natural de aguas subterráneas y escurrimientos pluviales, protegiendo un ecosistema que el desarrollo urbano suele destruir.
Tradición lechera y herencia agrícola
Aunque la región fue conocida a mediados del siglo pasado como la “cuenca lechera” del noreste del Valle de México, la esencia no se ha perdido del todo. Santa Bárbara sigue siendo un pueblo que guarda sus tradiciones:
Paisajes de antaño: A diferencia de las zonas altamente industrializadas, aquí aún prevalecen caminos arbolados y sombras refrescantes.
Economía local: Algunos pobladores mantienen viva la elaboración y venta de quesos artesanales, combinando estas actividades con el cuidado de sus tierras y la gestión de las canchas.
El objetivo es claro: proteger la propiedad de la tierra y fomentar un desarrollo económico que no sacrifique la calidad de vida ni el entorno natural que caracteriza a esta comunidad.
Con información de La Jornada
