UNO. La figura de este título, en el barullo, puede equipararse a semejanza de un sueño guajiro, de extremo a extremo, en que la polarización, a duermevela, jale por las greñas a extraños y propios.
DOS. Porque estamos por veces confundidos, tan así, que en el dime que yo de diré participamos, impasibles, de lo lindo a lo grotesco.
TRES. Desentendimientos cunden. Las partes habitan sendas áreas de su posición y, acto continuo, el que venga atrás que empuje.
CUATRO. Pero esto no era de tamaño engrudo hace, por no decir mucho, hace la suma de tres décadas.
CINCO. Tampoco el conteo de cinco sexenios que acapara puntual equivalente numérico; tomando a cuenta gotas, por supuesto, la teoría de que los números son fríos, no calientes.
SEIS. El espacio puede imaginarse, vale, de tres pistas, con detalles y rasgos disconformes.
SIETE. Una es la pista institucional, con atributos harto provocativos.
OCHO. Ni que estuviéramos ciegos para no verla o, de plano, muertos para no sentirla.
NUEVE. Si, dentro y a su alrededor, el ambiente tiende, no parece, a alterarse según el peso, digamos, del evento.
DIEZ. Para no hacerla tan largo, basta con suponer que ustedes y yo asistimos a un hecho de tinta.
ONCE. Mientras que no llega el actor primero, el asunto gira acorde al libreto del maestro de ceremonia.
DOCE. Pero entre el que ya mero y el ya viene, a partir de algunos que silban o echan porras a granel, al pronto todos los asistentes se dan a la tarea de servir acogimientos, sin taza ni mesura.
TRECE. El funcionario agradece a mano alzada. Al chico rato, comparable con larga espera, termina el evento. Como en un abrir y cerrar de aplausos queda el ambiente sólo acompañado de desechos por sobre y abajo del entablado.
CATORCE. De ese tamaño, verdad de Dios, es el escenario de la primera pista, sin ponerle ni regatearle una coma.
QUINCE. El siguiente escenario lo ocupan quienes, en todo tiempo y lugar, hacen acto de presencia buscando gorgojos en el troje de maíz. Inconformes, al ciento por ciento, con lo habido y por haber.
DIECISEIS. Este escenario no es ni jamás ha sido de echarse de menos. Ha estado y seguirá, pase lo que pase.
DIECISIETE. Queda el anchuroso escenario social, en que las voces con frecuencia y, sobre todo, al paso del tiempo, quedan con el valor de un comino, para bien o mal.
DIECIOCHO. Como que con bien o mal todo mundo puede hacer “de su capa un sayo”, que lo perfecto sería aburrido.
DIECINUEVE. Pero se trata de no soslayar otra figura compuesta de dos palabras en plural: AMIGABLES COMPONEDORES, encalladas sobre radicales posiciones, en oferta legal y sentido común.
VEINTE. Último, sí, pero, sobre el particular, inaplazable, compartiremos la semana entrante.