UNO. Tratar a la gente y con la gente, no es ocupación que deba mirarse por encima del hombro y, cuanto menos, con el rabillo del ojo; partiendo de que, atender, plantea problemas de variada índole y soluciones a escoger, no tan a la mano. Algunas de ellas, por qué no, sugeridas, al pronto, por peticionarios.
DOS. Tratar es atender y equivale a ida y vuelta, sobre todo en andares no siempre calmosos del aparato administrativo.
TRES. Es una terapia, eso de atender, de mil suertes, sin contraindicaciones de una parte y de otra, toda proporción guardada, que asimismo puede aplicarse en la vida diaria, a condición de no hacerse guaje.
CUATRO. Compromiso no debe ser unilateral, dado que va en contra de su mismo significado y esencia.
CINCO. Compromiso es a partir de dos, y para nada sobra decirlo ni recordar, por cuantas veces resulte necesario.
SEIS. Sin embargo, rutinas, por lo común, suelen entrometerse en todo tiempo y lugar, igual a costras apelmazadas. Así tan evidente, como sonoro canturreo de estarlo repitiendo.
OCHO. Políticos, en ejercicio del cargo, con la mayor capacidad y mejores intenciones, no podrían satisfacer, por si mismos, demandas entre personales y sociales.
NUEVE. Aparentemente es entendible, pero, de buenas a primeras, la costra de la costumbre lleva a la balanza en bajada contraria.
DIEZ. Y así no. Así no. Porque no es carga que pueda cambiarse por el hecho de que algún poderoso, de buena fe, se la echara a espaldas.
ONCE. Pesa tanto, que tampoco ningún recurso económico alcanzaría y, por el contrario, podría traer a recordaciones aquello por veces oído de que al pueblo no se le contenta con nada. Grande error.
DOCE. El pueblo, decirlo así, parece hacer referencia a una abstracción creciente por indefinida.
TRECE. Pero que va. No es una abstracción. Puede tratarse de conjunto de personas, de distintas edades, apergolladas a causa de crianzas equivocadas.
CATORCE. Al punto de que de tal palo tal astilla, de padres a hijos y, por consecuencia, crece y crece lo que no debe ser.
QUINCE. Cuenta la leyenda… hubo un gobernante que, previo a la salida, preguntaba al programador de que partida podría tomarse sin desajustar el presupuesto.
DIECISIETE. El programador trae enseguida la información que, desde luego, hacía las veces de respaldo entre peticiones y respuestas.
DIECIOCHO. Alguna vez se oyó decir, entre bromas y veras: -Si no tengo partida de donde agarrarme…el parido no me salvará luego… (Risas, forzadas, no se hicieron esperar).
DIECINUEVE. Y, sigue la leyenda, pese a previsiones, no todo quedaba resuelto como por arte de magia.
VEINTE. Hecha la digresión, aplicando el trato y hacerlo recíproco en la vida diaria, es fórmula que comparte respuestas a trances planteados.