UNO. El lenguaje soporta influencias que por ninguna circunstancia deben echarse en saco roto.
DOS. El lenguaje, más allá de palabras, se expresa natural y, por ello, va en línea paralela de hechos, gestos, ademanes, rezongos, zapapicos, coros ensayados y cosa por el estilo…
TRES. No pueden excluirse, obvio, bloqueos de caminos y calles que, de manera cotidiana, observamos, resignados, a modo de expresiones con el adjetivo de ser pacíficas. (Bloqueadores se sienten Mahatma Gandhi, sin saberlo). El coraje de personas afectadas, despotrica, a regaña dientes, el lenguaje.
CUATRO. Que el lenguaje acuñe pronto ustedes y ustedas dependerá, por lo oído, de corto plazo, entre bromas y veras.
CINCO. Niños tendrán que atenerse a usos y costumbres, si bien éstas no sienten bases de educación sin adjetivos (que, si éstos no dan vida, matan, dijo el chileno universal, creacionista, Vicente Huidobro).
SEIS. Arte de gobernar es, entre tantas reglas, el acierto en combinación de dichos y hechos.
SIETE. Ninguna situación se da de suerte intempestiva, que hasta de terremotos o huracanes escuchamos advertencias, y sobre aviso no hay lugar para lamentaciones.
OCHO. La ignorancia de las leyes a nadie excusa de su cumplimiento. Esto no puede ser disco rayado ni para habla exclusiva de técnicos del Derecho.
NUEVE. Ver para creer, por machacón, que haya familias y grupos viviendo de atizar martillazos que derriban muros.
DIEZ. No es para creerlo, de pronto, si bien ocurre a menudo con o sin dependencia de quienes convoquen.
ONCE. Y aquí es donde apura el dilema de aplicar las normas o dejar pasar invocando el menor de los males.
DOCE. Cabe la suposición de que la figura de autoridad ha de estar capacitada en todos sentidos, para obrar in fraganti sin romper hojas de protocolos.
TRECE. Mirar tanto espectáculo con tamaña frecuencia provoca que se tome a disgustada normalidad.
CATORCE. Pero esa normalidad no lleva sino a encadenar protestas tras protestas, con alto riesgo para la autoridad y habitantes que desde diferentes lugares juegan el papel de espectadores.
QUINCE. El paquete no es pequeño y dentro de él todos, en cualquier momento, podemos ser revueltos.
DIECISEIS. Tendría que hacerse objetiva revisión de distintas instituciones para, sobre la marcha, corregir omisiones sin aplazamientos.
DIECISIETE. Pero la sociedad a la vez, en postura autocrítica, debe mirarse a sí misma y actuar en consecuencia y con sentido de responsabilidad.
DIECIOCHO. Y no se trata de trasladarnos a una sociedad ajena a nuestra idiosincrasia.
DIECINUEVE. Pensar que esta cadena de males no tiene para cuándo dejar de eslabonarse, ha sido caer en craso error.
VEINTE. Como craso error sería continuar con los brazos cruzados, a ver si, por generación espontánea, el estado de cosas apunta a otros derroteros.